Fue ASAJA Cádiz la que dio la primera voz de alarma, pero ahora es ASAJA Andalucía la que reclama a la Consejería de Sostenibilidad y Medio Ambiente el restablecimiento, a la mayor brevedad posible, de la recolección nocturna de aceituna en los olivares en seto andaluces, «una práctica que aporta importantes ventajas agronómicas, laborales y de calidad y cuya limitación se adoptó a raíz de unas estimaciones de impacto sobre la avifauna que los estudios posteriores han rebajado de forma considerable», según señalan en una nota de prensa.

La organización considera necesario avanzar hacia una regulación proporcionada y basada en los resultados obtenidos durante los últimos años, permitiendo nuevamente esta modalidad de cosecha en la mayor parte de la superficie de olivar en seto y reservando posibles restricciones únicamente para aquellas zonas o circunstancias concretas donde se acrediten afecciones específicas.

La recogida nocturna es una práctica ampliamente valorada por el sector porque contribuye a preservar la calidad del fruto. Las temperaturas nocturnas más bajas de finales de septiembre, octubre y noviembre permiten que la aceituna llegue en mejores condiciones a la almazara, con menos daños mecánicos y una menor fermentación, favoreciendo así la conservación de sus cualidades. Este mismo criterio se aplica desde hace años en otros cultivos como la uva o la almendra, donde la recolección nocturna se utiliza para proteger la calidad de la producción.

NOTABLE MEJORA DE LA CALIDAD

Además, diversos estudios científicos han puesto de manifiesto que las bajas temperaturas durante la cosecha contribuyen a preservar mejor los aromas y compuestos responsables de la calidad de los aceites de oliva virgen extra. Investigaciones publicadas por centros especializados como el Ifapa y el Instituto de la Grasa del CSIC concluyen que la recogida nocturna mejora las características organolépticas del aceite, especialmente en zonas donde las temperaturas diurnas siguen siendo elevadas durante la campaña.

ASAJA-Andalucía recuerda que la polémica sobre esta práctica surgió en 2019 tras la difusión de un informe que atribuía a la recolección nocturna una elevada mortalidad de aves. Sin embargo, los estudios desarrollados posteriormente por las consejerías competentes han dibujado un escenario muy diferente. Entre sus principales conclusiones destaca que los niveles de mortandad observados son muy inferiores a los difundidos inicialmente y que la afección se concentra prácticamente en una única especie, la curruca capirotada, entre las 66 especies identificadas en los trabajos de seguimiento.

Asimismo, durante estos años se han ensayado diversas medidas disuasorias, como la cetrería, dispositivos acústicos, sistemas láser, robótica o equipos de gas, con el objetivo de minimizar la presencia de aves durante la cosecha. Estos trabajos han permitido ampliar el conocimiento técnico disponible y avanzar hacia soluciones cada vez más precisas y focalizadas.

Desde la suspensión temporal de esta práctica se han seguido realizando investigaciones para compatibilizar la actividad agraria con la conservación de la biodiversidad. En este sentido, ASAJA-Andalucía mantiene su disposición a colaborar con la Administración y con los centros de investigación para profundizar en los resultados obtenidos y promover estudios dirigidos específicamente a aquellas especies o zonas donde pudieran detectarse incidencias concretas.

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