En Francia se suicida un agricultor cada día. Es una realidad demasiado conocida y hasta el presidente Macron ha asegurado que presentará una propuesta de un plan de acción operativo para prevenir los suicidios entre los agricultores “en los próximos meses”. Pero las promesas no evitan las muertes por suicidio agrario. De hecho, en Francia se puso sobre la mesa la creación de la llamada ley EGALIM (Ley para el equilibrio de las relaciones comerciales en el sector agrícola y para la alimentación sana, sostenible y accesible para todos) que buscaba (como se lleva pidiendo en España y que provocaron las movilizaciones de principios del año pasado) garantizar unos precios justos para el sector productor. Pero la realidad ha sido que el proyecto se ha paralizado por la falta de arbitraje por parte del Estado para poner límites a los grandes centros de compras de la industria agroalimentaria.

Ahora con la pandemia se ha agravado esa tragedia, con la caída de los precios y los efectos del Covid en muchas producciones por el cierre de la hostelería en el país vecino, más duro incluso que el aprobado en diversas CCAA en España. Las primeras cifras oficiosas de suicidios, durante los diez primeros meses este año, confirman la gravedad de la crisis. Entre 2015 y 2019 se suicidaron en Francia una media de 370 agricultores por año. 292 eran propietarios de una explotación agrícola y unos 278 asalariados. Unos 270 eran hombres y unas 100 eran mujeres. Se teme que 2020 termine con cifras que pudieran ascender a 375 incluso 400 suicidios. Y eso que, como señala France24.com, las cifras actuales  por suicidio agrario son consideradas inferiores a la realidad, pues ciertas muertes se declaran como accidentes de trabajo.

La Mutualité sociale agricole (MSA, Mutua social agrícola), responsable de la seguridad social de los agricultores franceses, ha vuelto a pedir socorro al presidente Emmanuel Macron, estimando que la pandemia ha acelerado esa tragedia nacional.

La MSA, la Fédération nationale des syndicats d’exploitants agricoles (FNSEA, el primer sindicato agrícola francés) y Solidarité Paysans (SP, asociación de apoyo a los agricultores con problemas de todo tipo), han constatado un incremento espectacular de las llamadas de socorro urgente, que obedecen a muchos problemas superpuestos, como el incremento de la soledad y el aislamiento., el deterioro de las economías familiares o la aparición de «patologías» ligadas a la incertidumbre, personal, familiar y colectiva por los bajos precios.

Por citar un ejemplo, los ganaderos de Limousin no entienden que una pierna de cordero de 3 kg se vende a 45 € en el establo cuando solo reciben 5 € el kg, es decir, 3 veces menos.

Bernard Lannes, presidente del sindicato Coordination Rurale (CR), comenta el proceso en curso de este modo: «Se habla mucho de la angustia de muchos sectores sociales. Pero esa angustia, incertidumbre y soledad ha aumentado entre los agricultores, que se sienten abandonados, en muchos casos. La pandemia y el hundimiento de los mercados han agravado un problema bien conocido y que tiene antecedentes muy dramáticos».