Con un «camino de piedras» a sus espaldas, las mujeres emprendedoras del medio rural han llegado de la mano de Fademur este miércoles a Madrid para exponer las dificultades y los logros en el proceso de poner en marcha un negocio en este entorno.

De perfiles muy diferentes, desde una trabajadora del mundo del lujo y la moda, hasta otras que nunca antes habían trabajado en el sector agroalimentario, todas ellas han coincidido durante el VI Encuentro de Emprendedoras Ruraltivity en la necesidad de poner el foco en los pueblos para revertir la despoblación.

En una mesa redonda moderada por la directora de Efeagro, Laura Cristóbal, ocho mujeres emprendedoras del medio rural han explicado cómo han llevado a cabo la puesta en marcha de su negocio, todos ellos variados y preocupados por la sostenibilidad y el fomento de la economía circular.

Pero también por la concienciación por una mejor alimentación en los más pequeños, como es el caso del proyecto de Amanda Pérez, con el Quiosco de Amanda en Torrox.

La emprendedora ha relatado que lleva trabajando en la hostelería desde los 14 años, y esa labor le llevó a formarse en alimentación y, después, a crear el quiosco que ahora tiene.

«Tenía la concepción del negocio, pero no el dinero para montarlo», ha explicado, a la vez que ha agradecido a la lanzadera Ruraltivity la financiación para poner en marcha su proyecto, tras dos negativas de su entidad bancaria debido a la falta de ingresos.

En Guarromán, un pequeño pueblo de la provincia de Jaén, Silvia Pérez ostenta la quesería «Quesos y Besos», un proyecto al que se lanzó a crear movida por la necesidad de poner en valor la tradición del entorno.

El hecho de compartir espacio con otras mujeres que también han optado por emprender en el medio rural le lleva a Silvia a pensar que «no es la única loca», un sentimiento que comparten las participantes, ya que todas ellas han recorrido el mismo camino con pero diferentes piedras en él.

María del Carmen Fernández, dueña de un negocio de Repostería y Pastelería llamado Boema en Torrecilla en Cameros (La Rioja), a día de hoy reconoce que no tiene ningún «obstáculo» para seguir adelante con su pequeña empresa, pero si recuerda el comienzo del camino con «muchas dificultades gastronómicas».

Desde los ocho años, esta emprendedora supo que quería «meter las manos en la masa», sin embargo, cuando se decidió a ponerlo en marcha se preguntó «quién iría allí», ya que la despoblación azota a la localidad.

Todas se han preguntado en algún momento «quién vendrá» o «quién comprará» los productos y servicios que han creado, y todas han coincidido en la necesidad de abrir negocios en los pueblos como respuesta a las puertas que se cierran en las casas debido a la despoblación.

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