La falta de lluvias no debería ser sinónimo de emergencia y, sin embargo, son muy pocos los estados que apuestan por la planificación para adelantarse a la sequía y evitar sus peores efectos en lugar de poner los tradicionales parches.

Solo 17 países tienen planes nacionales para enfrentar ese fenómeno basándose en el principio de la reducción del riesgo de sequía, explica a Efe Daniel Tsegai, experto de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (UNCCD, por sus siglas en inglés).

«Hay otros que alegan que tienen esos planes, pero intentan solamente responder a las emergencias o coordinarse en la recuperación, sin una planificación previa», apunta.

«No se trata de una crisis, sino de un riesgo, y si piensas así haces política y la sequía no te toma por sorpresa»

Para Tsegai, no es suficiente con disponer de buenas estaciones meteorológicas, puesto que hay que analizar también el riesgo y determinar quiénes son vulnerables a la escasez prolongada de agua y por qué lo son en función de los grupos de población o el origen geográfico.

Expertos de todo el mundo se han dado cita esta semana en Roma para abordar ese problema y evitar que se convierta en fuente de hambrunas, pobreza y tensiones sociales.

Por su culpa cada año se pierden 12 millones de hectáreas, un área donde se podrían cultivar 20 millones de toneladas de grano, según la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Aunque su impacto lo sufren más unos países que otros, tampoco los más desarrollados se salvan, como cuando en 2014 una sequía en California (Estados Unidos) afectó a unos 400.000 trabajadores del campo y dejó pérdidas por unos 2.200 millones de dólares.

Y eso que EEUU y Australia fueron los primeros, según Tsegai, en cambiar de actitud y volverse «proactivos» por medio de sus planes nacionales. «No se trata de una crisis, sino de un riesgo, y si piensas así haces política y la sequía no te toma por sorpresa», remarca.

En México, su Comisión del Agua no sólo precide si habrá o no sequía, sino las consencuencias económicas que provocará

Uno de los que se han sumado a esa tendencia es México, que desde 2013 cuenta con un programa contra un fenómeno que ya bastantes disgustos le ha dado.

Horacio Rubio, de la Comisión Nacional del Agua, explica que han tomado medidas de prevención y mitigación a partir del monitoreo de las condiciones climáticas, lo que les permite predecir las lluvias o su ausencia.

También evalúan los riesgos analizando, por ejemplo, 24 factores socioeconómicos y ambientales con los que determinar el grado de vulnerabilidad de las comunidades, y dan información a los agricultores para que se preparen con tiempo.

Tsegai insiste en concienciar e informar a los sectores sociales y unir a los países de cada región para que aprendan entre ellos y revisen sus respuestas. Un incentivo para cambiar la dinámica que siguen tantos gobiernos.

Ahí está Etiopía, que en 2016 destinó 800 millones de dólares para «mantener con vida a la población» comprando alimentos del exterior, según el experto de la ONU, que sostiene que esa cantidad se podía haber invertido antes para aumentar la resiliencia de cara a la sequía de ese año y las siguientes.

Las tecnologías existen: sensores remotos, variedades de cultivos más resistentes o seguros agrícolas son algunas de ellas, aunque falta conectarlas con los productores locales.

El Programa Mundial de Alimentos (PMA) de Naciones Unidas está trabajando para impulsar mejores prácticas agrícolas, diversificar la economía en el campo y facilitar el crédito en la gestión prudente de los riesgos, según su especialista Jyothi Bylappa.

El director general del Instituto del Sahel, Sibiri Ouedraogo, destaca el comité permanente de lucha contra la desertificación como un instrumento de solidaridad en la región y otros proyectos de recuperación de tierras degradadas, gestión del agua y cambio climático.

En unos 20 países africanos, además, se emplea la agricultura de conservación, con técnicas como la de cubrir el suelo con legumbres para mantenerlo sano.

Y en ese mismo continente ya hay pastores que reciben información meteorológica para saber cómo manejar los pastos o hacia dónde desplazarse con el ganado dependiendo de la vegetación sin necesidad de sufrir la sequía.

(Texto: Belén Delgado / Efeagro)