El miércoles 16 tuvo lugar la conmemoración del 50 aniversario de la declaración del Espacio Natural de Doñana como Parque Nacional, una de las como zonas naturales protegidas más importantes de Europa. En el acto se puso de relieve los beneficios del arrozal para Doñana.

El Centro Internacional de Estudios y Convenciones Ecológicas y Medio Ambientales (Ciecema) de Almonte, en Huelva, fue el lugar elegido para el encuentro, con la celebración de un pleno extraordinario del Consejo de Participación del parque, que contó con la presencia de la consejera de Agricultura, Ganadería, Pesca y Desarrollo Sostenible, Carmen Crespo.

Dicho Consejo de Participación, tiene un papel fundamental, pues a lo largo de estas cinco décadas, ha permitido dar voz a los diferentes agentes que deben ser escuchados en cuestiones relativas a un patrimonio tan rico y único como es Doñana. UPA Andalucía, como miembro del Consejo, estuvo representada con la presencia de Juan Vicente Revert, secretario general de UPA Sevilla.

Revert, tuvo oportunidad de conversar con Miguel Delibes, presidente del Consejo, sobre la estrecha relación y beneficios del arrozal en Doñana, concluyendo en que los arrozales, en general, suponen algo muy positivo para este espacio natural.

Hemos de tener en cuenta que Doñana se compone de un paisaje espectacular de tierras llanas, donde destacan dos ecosistemas: por un lado, bosques de pino y matorral mediterráneo y, por otro, inmensas marismas de terrenos arcillosos inundables e impermeables, con régimen hídrico estacional. Estas marismas, son encrucijada para las rutas migratorias de aves entre el continente africano y europeo y, además, son el último refugio para numerosas especies en peligro de extinción.

Los arrozales de la provincia de Sevilla, concentrados en varios municipios de las marismas del Bajo Guadalquivir, se asientan sobre terrenos llanos que también se inundan, para que se puedan dar los arrozales. Por tanto, los campos de arroz suponen una prolongación artificial de las propias marismas, donde la avifauna de Doñana encuentra alimento, agua y refugio, especialmente cuando las marismas se encuentran en estación seca.

En las poblaciones del Bajo Guadalquivir sevillano, debido a su orografía y la cercanía del río con su desembocadura, el terreno y el agua tienen un porcentaje salino importante, lo que hace prácticamente inviable otro cultivo que no sea el arroz. A su vez, los arrozales contribuyen al mantenimiento y protección de la rica biodiversidad y avifauna en Doñana, por tanto, podemos concluir que ambos ecosistemas coexisten, se necesitan y se complementan.

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