La pandemia del coronavirus ha cambiado muchas cosas en la política, sobre en una campaña electoral sin besos ni abrazos, aunque sí con una vaca al lado del candidato. Y es que el covid no ha podido con la tradición no escrita del PPdeG de hacer un acto con vacas en las campañas electorales. Por algo es el animal emblemático de la comunidad y, más allá de un símbolo entrañable, también una fuente de riqueza.

El presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, lo sabe muy bien, así que este domingo 28 se ha cambiado el traje y corbata que lució por la mañana para la ceremonia de entrega de las medallas Castelao por los vaqueros y la cazadora, para cumplir con la costumbre de visitar una explotación ganadera.

Como él mismo ha explicado se trata casi de una «superstición» porque ya es habitual empezar en el rural los actos sectoriales que conforman cualquier campaña, junto con los mítines. Y, si ha ganado tres elecciones por mayoría absoluta, no es como para cambiar las cosas en este cuarto intento.

Claro que el campo ya no es lo que era y hoy, aparte de la mascarilla, Feijóo tuvo que enfundarse unos patucos de plástico para poder visitar la explotación y no correr riesgo de contaminar la sala de ordeño, que parece casi un laboratorio o un escenario digno de una película de ciencia-ficción.

En la nave donde están las vacas el aparato para empujar la comida hacia ellas también parece más una máquina sacada de ‘La guerra de las galaxias’, pariente de R2-D2, que un artilugio de campo. Pero es que el medio rural del siglo XXI nada tiene que ver con aquella Galicia de las corredoiras a la que se refería Manuel Fraga en sus discursos.

En la explotación de Trazo que visitó Feijóo no solo hay 270 animales, 160 de ellos vacas de leche, sino un proyecto de reforma en ciernes -que el candidato se ha comprometido a visitar cuando esté terminado- y también un posible relevo generacional ya preparado.

Desde que visitó una explotación ganadera en la campaña de 2009, Feijóo también ha cogido experiencia. Ahora ya no pregunta por qué todas las vacas tienen nombre de mujer, y ni siquiera se ha acercado mucho a ellas, después de recibir algún que otro mugido durante su intervención frente a estos animales justo a la hora en la que tocaba comer. Porque sabe que lo importante es teer una una vaca al lado del candidato.

(Texto: Mónica Sequeiro / Efeagro)