El drama de los daños de los conejos es habitual en toda España, aunque siempre se vincula más con Castilla y León, pero La Rioja no se scapa de estas plagas hasta el punto de que un agricultor ha optado por arrancar más de mil árboles frutales al no poder afrontar los daños que les ocasionan.

Este es el caso de Roberto Miguel, que no pudo más que arrancar sus frutales… Conejos, corzos y jabalíes campan a sus anchas por los cultivos de La Rioja Baja «sin que la Administración mueva un dedo». Este agricultor queleño, desesperado y harto, se ha visto obligado a arrancar una hectárea y media de árboles frutales, entre ellos mil cerezos, así como doscientos árboles más distribuidos por sus fincas. «Ni los protectores ni las vallas los frenan. Esto es una plaga aunque la Administración lo niegue», resalta.

Los costes de arrancar y replantar corren a cargo del propio agricultor: «Ya me he dejado 3.000 euros en vallar más de mil metros, a lo que hay que sumar el coste de la excavadora y el de las nuevas plantas. Una vez termine de arrancar los árboles dañados, volveré a replantar las fincas. ¿De qué voy a vivir si no?». De las más de tres hectáreas de cultivos, Miguel asegura que los frutales y los olivos son los más afectados, según recoge en nuevecuatrouno.com.

Roberto Miguel asegura que no solo la fauna silvestre daña los cultivos: «Hay gente, cazadores también, que no sé si por amor a los animales o simplemente por hacer daño, también quita los protectores y rompe los vallados». Este agricultor solo espera que el Gobierno implante unas medidas excepcionales urgentemente con las que se permita cazar con más frecuencia, que exista «libertad para cazar en tu propiedad privada o se autorice hacerlo por las noches con el control de un guarda, como hacen en Aragón».

«Nos hemos reunido varias veces con la Administración, quien le echa la culpa a los cazadores, estos se la echan a Medio Ambiente y, desde aquí, aluden a que ya le dan bastantes medios al coto para que actúe. Y luego está Europa, que se hunde totalmente en cuestiones agrarias porque no dejan de prohibirnos usar tratamientos para los cultivos a la vez que se importan productos desde Sudamérica y Marruecos sin ningún tipo de control y análisis. Cosa bien distinta al escenario de aquí, donde tanta inspección no está para nada recompensada», lamenta Miguel.