La Guardia Civil ha desarticulado una organización criminal especializada en estafas, receptación, usurpación de estado civil, insolvencia punible y blanqueo de capitales, tras detener y poner a disposición de un juzgado de Tudela a tres personas por estafar 666.318 euros a 18 empresas, especialmente hortofrutícolas.

La organización actuaba en toda España, de forma que los detenidos adquirían sin pagar productos hortofrutícolas para luego venderlos, ha informado el Instituto Armado en una nota.

Del conjunto de la investigación se ha podido constatar que el montante estafado asciende a 666.318 euros, con un total de 18 empresas que han sufrido 25 estafas, ubicadas en Navarra, Cádiz, Almería, Málaga, Huesca, Granada, Sevilla, Segovia y Madrid.

Se detectó una organización criminal de 7 personas que venía desarrollando una gran actividad delictiva en el sector agrícola

Se trata de la operación Antanino, en la que se ha detenido a tres personas (dos hombres y una mujer), entre ellos el cabecilla, y se ha investigado a otras cuatro (3 varones y 1 mujer) como presuntos autores de los delitos de estafa, receptación, usurpación de estado civil, insolvencia punible y blanqueo de capitales, además del de pertenencia a organización criminal.

Asimismo, se han realizado 2 registros domiciliarios en la localidad de Roquetas de Mar (Almería), donde se ha intervenido numerosa documentación y datos referentes a empresas, talonarios bancarios, 10 contratos telefónicos de diferentes números, cajas con tarjetas SIM, sellos de diferentes empresas, teléfonos móviles, ordenadores portátiles y pendrives.

La operación se inició cuando agentes de la Guardia Civil de Navarra recibieron una denuncia que aseguraba que una empresa de la localidad de Fontellas (Navarra) había sido estafada por una cantidad cercana a los 17.000 euros.

Tras las primeras investigaciones, los agentes comprobaron la existencia de una organización criminal compuesta por 7 personas que venía desarrollando una gran actividad delictiva en el sector agrícola, grupo que estaba «perfectamente organizado y jerarquizado» ya que cada integrante desarrollaba una función específica.

Por un lado se encontraba el cabecilla de la organización, que para desviar la atención sobre él poseía diversas empresas y figuraban como administradores unas terceras personas, los llamados testaferros. Por otro lado, otros componentes realizarían las labores de captación de clientes y finalmente habrían convenido la venta de los productos estafados a un puesto de referencia en Mercamadrid, los cuales adquirían el producto por un precio muy  por debajo del valor real del mercado.