Consejo Regulador de las IGP Aceituna Manzanilla de Sevilla y Aceituna Gordal de Sevilla
Hay paisajes que cuentan la historia de un territorio. En Sevilla, uno de ellos es el olivar de aceituna de mesa. La Manzanilla y la Gordal han dado trabajo a generaciones de familias, han sostenido la actividad de nuestros pueblos y han llevado el nombre de Sevilla a mesas de todo el mundo. Detrás de cada fruto hay una variedad, una forma de cultivarla, un verdeo y un conocimiento transmitido durante siglos.
Ese patrimonio atraviesa un momento difícil. Nuestros agricultores afrontan los costes de producir una aceituna de mesa de calidad mientras compiten en un mercado cada vez más global. En él circulan frutos de distintos países, variedades y métodos de producción. Competir es legítimo; lo que no podemos aceptar es que esas diferencias desaparezcan ante el comprador y que el olivarero sevillano cargue, él solo, con la presión sobre los precios.
Los datos ayudan a entender lo que está en juego. Un estudio de la Universidad de Sevilla sobre la cadena de valor de la Manzanilla y la Gordal mostró que, en la campaña 2021‑2022, el coste estimado de producir Gordal variaba mucho según la explotación y alcanzaba **1,624 €/kg en el olivar tradicional de secano**, la tipología con mayor peso en la superficie estudiada. El estudio AEMO de 2026 estima para la aceituna de mesa recolectada mediante ordeño, sistema de referencia de la Gordal Sevillana, costes de **entre 0,93 y 1,23 €/kg**. Son estudios de años y metodologías distintos, y ninguno sustituye el cálculo del coste de cada agricultor. Juntos muestran algo esencial: el fruto que sale de nuestros olivares tiene detrás trabajo y costes reales que no se pueden borrar con una decisión comercial.
Por eso existe una gran preocupación entre los productores esta campaña, ante ofertas de compra, sobre todo de la variedad Gordal Sevillana, por debajo de los cuatro escenarios de ordeño estimados por AEMO para 2026 y del estudio de la Universidad de Sevilla de 2023. En este sentido la Ley de la Cadena Alimentaria establece que el precio contractual que percibe el productor debe ser **superior a su coste efectivo de producción**. Una pérdida de clientes o la presión de las importaciones no dejan sin efecto ese derecho.
También necesitamos reglas comerciales claras y controles eficaces. La Unión Europea exige que los alimentos importados cumplan sus requisitos de seguridad y somete las importaciones a controles oficiales. Precisamente por eso pedimos que esos controles se apliquen con rigor y transparencia, tanto en frontera como en la trazabilidad posterior. Defender la producción sevillana no exige sembrar dudas indiscriminadas sobre toda aceituna importada; exige que ningún producto eluda las reglas y que cada consumidor pueda saber qué está comprando.
La información en la etiqueta es parte de esa defensa. Una aceituna “grande” procedente de Egipto, Grecia o Turquía puede comercializarse legítimamente si cumple los requisitos aplicables. Lo que reclamamos es que su presentación **no induzca a confundir su variedad u origen con la Gordal de Sevilla**. Llamar la atención del consumidor con el prestigio de un nombre mientras se le ofrece otra cosa perjudica a quien compra con confianza y a quien ha construido esa reputación durante generaciones. Pedimos a las autoridades que investiguen los casos concretos de etiquetado potencialmente engañoso y protejan el derecho a una información clara. Las normas europeas exigen que la información alimentaria sea precisa y no engañosa.
El escenario internacional añade incertidumbre. El acuerdo comercial interino entre la Unión Europea y Mercosur se aplica provisionalmente desde mayo de 2026 y prevé reducciones arancelarias progresivas. Reclamamos que se evalúe específicamente su efecto sobre la aceituna de mesa y la competencia con productores como Argentina, y que se escuche al sector antes de dar por hecho que las oportunidades y los riesgos se reparten por igual. Al otro lado del Atlántico, las **aceitunas negras maduras españolas** siguen siendo objeto de un conflicto por los derechos antidumping y anti subvenciones impuestos por Estados Unidos. Son cuestiones diferentes, pero ambas condicionan el futuro comercial de nuestro sector.
En este contexto, las IGP Aceituna Manzanilla de Sevilla y Aceituna Gordal de Sevilla son herramientas necesarias para identificar y defender lo que hace singular a nuestra producción. Una indicación geográfica no elimina por sí sola la presión del mercado ni garantiza un precio justo. Sí permite acreditar un origen y unas características, combatir la confusión y construir una propuesta de valor que no dependa exclusivamente de vender más barato. Por eso pedimos a las administraciones que impulsen los expedientes pendientes, vigilen los usos indebidos de los nombres y hagan cumplir la Ley de la Cadena.
La industria sevillana también forma parte de esta historia. Necesitamos trabajar con ella, con la distribución y con la hostelería para que el valor de la Manzanilla y la Gordal auténticas llegue a todos los eslabones, empezando por el campo. Sustituir progresivamente la aceituna de nuestros olivares por otra más barata puede mejorar una cuenta de resultados a corto plazo; sería un mal negocio para un territorio que perdería agricultores, conocimiento y capacidad de producir sus propios alimentos.
Cada compra tiene consecuencias. Cuando un supermercado distingue el origen, cuando un restaurante explica qué aceituna sirve y cuando una persona busca en la etiqueta una procedencia certificada, está ayudando a que un agricultor pueda seguir cuidando sus árboles. **Preguntemos de dónde viene la aceituna. Exijamos claridad. Elijamos conscientemente. ** Porque defender las aceitunas Manzanilla y la Gordal de Sevilla, es defender también a las familias, los pueblos y el paisaje que las hacen posibles.



