El mercado mundial de cereales vive desde agosto un repunte de precios que no se producía desde 2012, en gran medida por la desaforada demanda de China para alimentar a su creciente cabaña de ganado porcino, pero también por otros factores, algunos imprevisibles como la evolución de las próximas cosechas.

Esta coyuntura se está produciendo en una campaña en la que España ha registrado una campaña histórica, de 27,59 millones de toneladas de cereal, el valor más alto registrado desde 1990, según la cuarta y última estimación de aforo de Cooperativas Agroalimentarias de España, realizada el pasado mes de noviembre.

«Esta campaña está siendo muy positiva para los productores», asegura a Efeagro el secretario general de la Asociación de Comercio de Cereales y Oleaginosas de España (Accoe), José Manuel Álvarez, quien precisa no obstante que este volumen récord -que su organización cifra en unos 26 millones de toneladas- aún no cubre el consumo nacional.

España consume anualmente en torno a los 36 millones de toneladas de cereal y, de esa cantidad, el 90 % tiene como destino la alimentación animal; solo el 10 % restante es para la alimentación humana, detalla.

RECUERDAN QUE «EL PRECIO DEL CEREAL SE MARCA SIEMPRE EN PUERTO, NO EN ALMACÉN Y EL PRECIO VARÍA EN FUNCIÓN DE LO QUE HAY FUERA, NO DE LO QUE HAY DENTRO»

Álvarez explica que «el precio del cereal se marca siempre en puerto, no en almacén», tanto para las partidas de importación -que tienen sus referencias en los mercados de futuros de Chicago y París- como para las nacionales, en las que las cotizaciones de la lonja de Mercolleida son las más representativas.

«El precio varía en función de lo que hay fuera, no de lo que hay dentro», apunta, y su evolución está muy condicionada por las estimaciones de producción mundial que el Departamento de Agricultura estadounidense (USDA, en sus siglas en inglés) ofrece periódicamente, y cuyo próximo informe será el 11 de marzo.

En anteriores ediciones, el USDA ha ido corrigiendo a la baja las previsiones de producción de grandes exportadores de cereal como Ucrania, recuerda.

Hasta la fecha, la voracidad del mercado chino ha sido la que más ha influido en la subida de los precios; este jueves, la Comisión Europea (CE) situaba el trigo blando en el mercado mundial a 239,5 euros/tonelada de media en enero, un 23 % por encima del registrado en el primer mes de 2020.

El trigo duro cotizó de media en enero a 230,1 €/t (+12,3 %); el maíz, a 191,2 €/t (+35,5 %) y la cebada, a 193,5 €/t (+25,6 %).

«China evoluciona a velocidad de vértigo y puede cambiar las normas de juego en el comercio internacional», resalta a Efeagro el profesor de EAE Business School Mariano Íñigo, quien intuye que mientras vayan aumentando las explotaciones de ganado en el país asiático «continuará la tensión de los precios de los cereales».

El director de cultivos herbáceos de Cooperativas Agro-alimentarias, Antonio Catón, considera que en este «complicado momento la demanda valida los precios» y vaticina que «a medio y corto plazo las cotizaciones se mantendrán altas».

«La cabaña de porcino china, tras el sacrificio de cantidades importantes de animales afectados por peste porcina africana (PPA), se está recuperando mucho antes de lo que se pensaba», lo que justifica las grandes compras de soja y maíz en los mercados mundiales que ha realizado el gigante asiático, indica.

DOS FACTORES: LA DECISIÓN DE RUSIA DE APLICAR ARANCELES DE EXPORTACIÓN A SU TRIGO -PARA NO QUEDARSE SIN ÉL- O EL RETRASO DE LA COSECHA DE SOJA EN BRASIL

A este incremento de la demanda de cereal para pienso hay que añadir que el Gobierno de China, «para enfriar el mercado interior» y bajar la cotización del maíz local -que estaba por encima de los niveles internacionales-, sacó mucho del que tenía de intervención en sus almacenes, un volumen que las autoridades quieren reponer.

Catón coincide con Álvarez en que hay otros factores al margend e China que también están influyendo en el mantenimiento de las cotizaciones por encima de la media de las últimas campañas, como la decisión de Rusia de aplicar aranceles de exportación a su trigo desde el pasado 15 de febrero -para no quedarse sin él- o el retraso de la cosecha de soja en Brasil por las lluvias.

Para Catón, «el momento es muy complicado», porque hay que sumar otros condicionantes que han influido en el alza, como el miedo generado durante la pandemia en algunos países con marcada gestión intervencionista, que no sabían qué iba a pasar con el transporte o la logística para recibir o enviar cereales.

También, y siempre con la vista en el cielo para ver si llueve o no, dependerá del comportamiento de la próxima campaña en el hemisferio norte, sobre todo en Estados Unidos y el este de Europa, donde se han producido olas de frío muy potentes que aún quedan por analizar, o si va a ver suficiente volumen de enlace con las producciones retrasadas en Brasil o la de Argentina.

(Texto: Angélica Quintana / Efeagro)