Juan Antonio Vicente Báez / Presidente del Colegio de Veterinarios de Cáceres

Si en algo puede coincidir hoy casi todo el mundo es en que asistimos a una etapa transicional en la que nuestras expectativas sobre el futuro no paran de modificarse a cada instante. Nuestra reflexión en el presente y las conclusiones que podemos conjeturar con seguridad en breve quedarán tan desfasadas como obsoletas.

Lo anterior resulta aplicable a casi todas nuestras circunstancias vitales como son, por ejemplo, las políticas, sociales, sanitarias, institucionales y profesionales. Del mismo modo la profesión veterinaria, y con ella su representación colegial, no escapa precisamente a esa vertiginosa transmutación.

Ante ello considero, como presidente del Colegio de Veterinarios de la provincia de Cáceres, que caben dos únicos planteamientos posibles: bajar los brazos y dejarse llevar, o, por el contrario, trabajar sin descanso en defensa de los intereses que nos han sido encomendados al objeto de poder contribuir activamente en ese proceso de constante mutación cuyo resultado, a la postre, redundará en beneficio de quienes han depositado su confianza en nosotros. Y es esta última opción por la que la nueva Junta de Gobierno de nuestra Corporación ha apostado y apostará de la forma más ambiciosa posible.

Nuestra colaboración con las instituciones ha de incrementarse y, si nuestro mensaje no produce el suficiente efecto de calado ante ellas, hemos de reformular nuestra forma de hacerlo llegar hasta que nuestros objetivos sean alcanzados.

El carácter sanitario de la profesión veterinaria, y todas las consecuencias inherentes al mismo, ha podido ser obviado en determinados ámbitos por la Administración autonómica y estatal, pero ello no ha de tener como consecuencia que caigamos en un pesimismo que nos haga caer en el insondable pozo de la conformidad; al contrario, nos hallamos ante la oportunidad de que nuestra voz sea claramente oída y escuchada por los poderes públicos, entre otras razones por que, de no serlo, carece de sentido nuestra permanencia durante un minuto más al frente de una organización que, con toda justicia, exige de sus dirigentes una continua actualización.

Es por lo anterior por lo que desde el mismo instante de nuestra proclamación hemos trasladado a la Administración regional nuestra absoluta puesta a disposición para colaborar en cuantos aspectos tengan relación con la profesión veterinaria en la provincia cacereña y, además, aportemos así nuestro grano de arena para que Extremadura pueda ubicarse en el lugar donde verdaderamente le corresponde.

La respuesta, pues, a si hemos de resignarnos a ese futuro incierto que se nos avecina únicamente tiene, a nuestro entender, una simple y escueta solución: NUNCA.