UPA Castilla y León reclama a la Junta de Castilla y León que tome ejemplo del Gobierno castellanomanchego y saque adelante una línea de ayudas para paliar los daños causados por los buitres al ganado.

La organización lleva años denunciando la sobreabundancia de estas aves por todo el territorio regional, que han tenido un cambio en su hábito alimentario y se han convertido en verdaderas depredadoras además de carroñeras, lo que está provocando perjuicios muy elevados a los ganaderos de extensivo.

Consideramos que la ayuda de 2.000 euros para vacuno y 1.500 euros para ovino y caprino por cada ataque con la que el Gobierno de Castilla-La Mancha ha decidido propiciar la conciliación de la presencia de buitres con los usos ganaderos en la región vecina, en especial en extensivo, podría ser un buen punto de partida para que Castilla y León disponga de una línea de ayudas, teniendo en cuenta además los daños por lucro cesante.

Además, desde UPA llevan años advirtiendo «sobre las consecuencias de la expansión descontrolada de esta especie protegida, y si en el año 2015 la población de buitres en Castilla y León alcanzaba las 6.000 parejas hoy podríamos alcanzar el número de 8.000, acogiendo la mayor parte de este tipo de aves de toda España».

Son continuas las denuncias de ganaderos extensivos por ataques de buitres, incluso a animales vivos y no recién nacidos, lo que demuestra su cambio de comportamiento ante la cada vez menor presencia de cadáveres de animales en el campo, motivada por el mayor control sanitario tras la enfermedad de las ‘vacas locas’.

El hecho de que actualmente un alto porcentaje de los bovinos, ovinos y caprinos tengan suscritos seguros oficiales de retirada hace que la mayoría de los cadáveres de estas especies no quedan disponibles en el campo para su consumo por especies necrófagas.

Por ello, UPA exige a la Junta de Castilla y León «que no mire hacia otro lado, como hasta ahora ha hecho, y actúe indemnizando a los ganaderos afectados por daños del buitre al tratarse de una especie protegida. Tanto económica como moralmente los productores cada vez se sienten más intimidados y afectados, porque ya no solo es que su envergadura de más de tres metros cuando abre las alas genera mucha inquietud, sino que además la población de estas aves sigue creciendo sin controlarse más allá de los niveles normales de protección».