David Bové / UPA. Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos.

Estos días el Estado está en conflicto con el lobo y, de paso, aquí suenan vientos a favor y en contra, sin tener conocimientos de esta realidad.

¿Por qué estamos en conflicto con el lobo?

En 1953 se crean Las Juntas Provinciales de Extinción de Animales Dañinos y Protección de la Caza (también conocidas como Juntas de extinción de alimañas), por tanto se autorizó la captura con cualquier medio (escopetas, lazos, trampas y venenos).

A partir de la ley de caza de 1970 y gracias a Félix Rodríguez de la Fuente, cambió su estatus y pasó a ser cinegético (cazable pero con restricciones y solamente con arma de fuego) gracias a él, con los años se acordó que fuera cinegético al Norte del Duero y protegido al Sur.

¿Dónde estamos ahora?

Ahora el lobo está en clara expansión, debido al abandono de las prácticas ilegales, a la despoblación del mundo rural y a un desequilibrio al alza de otras especies como el jabalí, el corzo o el ciervo. Abocado a la desaparición en 1970, a unos 3.000 ejemplares actuales, pero debemos ser conscientes de que no todo el territorio puede asumir esta especie, ni podemos inundar el campo de mastines para controlar esta especie tan extraordinaria como necesaria en el control natural de la fauna.

¿Dónde está el problema?

Hoy el MITECO (Ministerio para la Transición Ecológica) quiere incluir en el listado de especies protegidas, siguiendo la tendencia europea, y ha elaborado un borrador de un Plan Estratégico que se ejecutará el 15 de septiembre.

Problemas: En primer lugar, faltan censos actuales. No está suficientemente consensuado cómo abordar el día a día y no se dota de recursos para controlar las poblaciones, que sólo puede ser a tiros (quince patrullas por todo el Estado donde sólo en Ávila ya las necesitan). En segundo lugar, pasar la responsabilidad de las medidas preventivas a los ganaderos, en vez de incentivarlas. En último lugar, hay un mundo económico en torno al lobo donde se mezcla un trabajo excelente y de proximidad de control por parte de los cazadores y que, bien gestionado, puede aportar dinero extra en el territorio, que choca con una soterrada actividad furtiva donde se pueden mover cantidades de 7.000 euros por ejemplar muerto o en reclamaciones fraudulentas de daños.

Por tanto, conflicto servido y lleno víctimas, incluido el lobo, por falta de transacciones y consenso adaptado a cada realidad. No se puede ser binario con el lobo. Lobo sí, Lobo no. Hacen falta matices quirúrgicos y adaptados a cada realidad territorial.

¿Puede estar el Lobo en el LESPRE (Listado Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial)?

Por supuesto, dotado de seguridad jurídica, implicando de forma participativa a los agentes del territorio. ¡Todos! Hacer partícipes de un nuevo modelo sostenible y global de ganadería, ecologismo, agentes territoriales y lobo.

Pero, antes de cambiar los estatus, primero se debe hacer una buena estrategia, planes piloto, dinero y acompañamiento a un sector rural tocado de muerte. Una desgracia biológica y cultural hecha en 1953 no se puede cambiar en un día, con una imposición donde una parte lo ve como una agresión y carente de programas educativos, consenso y empatía con todos los afectados.