COAG Castilla y León tiene constancia de que alguna bodega comienza a enviar cartas a los productores de uva anunciándoles que este año no podrá adquirir su producto. El motivo no es una sorpresa: el cierre de la hostelería tanto en el mercado nacional como en el internacional debido a las medidas para atacar el coronavirus. Pero si añadimos a ello el stock de las bodegas más la previsión de una cosecha abundante debido a las reiteradas lluvias, la tormenta perfecta para el sector vinícola vendrá este año en forma de colapso.

Los viticultores se temen que este año quedará uva sin recoger en los viñedos. No será rentable. Porque las bodegas podrían incluso no tener capacidad para alojar más vino: los enlaces de cosecha mantienen todavía una alta ocupación en las instalaciones a la que habría que añadir el fruto de la nueva cosecha de 2020. El resultado de todo este escenario es que los presumibles precios ruinosos de la uva no permitirán recogerla. Ello en el caso de que las bodegas aceptaran la uva.

De momento el único circuito comercial que tienen las bodegas para dar salida a su vino es la gran distribución y la venta on line. De hecho, desde que se inició el confinamiento el consumo ha subido en este segmento considerablemente. Sin embargo, las bodegas que sostenían su cuenta de resultados gracias a las ventas en la restauración y a la exportación, tendrán que recurrir también a ese canal por lo que podrían saturarlo.

Soluciones posibles: unavendimia en verde o la destilación de crisis

A todo este escenario COAG Castilla y León apunta una posible solución de emergencia: Si el año es malo por el exceso de producción y cierre de mercados, que al menos sea excelente en calidad. Se debe recurrir a la poda en verde, el aclareo y a todas las medidas, que también deberían ser sugeridas por los consejos reguladores de las denominaciones, para limitar la producción y como consecuencia, elevar la calidad y el precio de la uva. La mencionada práctica del aclareo debería además venir acompañada de una compensación económica para el viticultor.

Otras soluciones que se apuntan al colapso del sector vinícola tendrán que proceder de la intervención pública. Una medida podría ser la destilación de crisis, compra de uva para la elaboración de alcohol de diferentes usos, que el Estado sostiene pagando la uva a un precio también de crisis.

Aunque los productores llaman a esta medida “salario de miseria”, dicen que menos es nada. Y son conscientes de que tendrán que recurrir a ella puesto que si otros años, con los mercados funcionando con fluidez se ha tenido que quedar la uva en la cepa, este año no habrá duda. También habrá que hablar de almacenamiento privado y todo tipo de ayudas posibles destinadas a la renta de los viticultores.