Domiciano Pastor / Presidente de la Comisión de Agricultura del CES. Miembro de la Ejecutiva Federal de UPA. Exsecretario general de UPA-Palencia

Asistimos en las últimas fechas a una gran avalancha de noticias sobre el Plan de Recuperación y Resiliencia.

La verdad es que  la música suena bien pero nos genera más dudas su letra, ya que para el entorno rural puede ser una gran ocasión para intentar dinamizar muchas de las zonas de la España interior, tan despoblada como deprimida. Por eso, nos preguntamos si será éste el momento que tanto esperábamos ó  pasará otra vez que nos quedemos en el abandono y el olvido.

Es importante valorar positivamente la respuesta que ha dado la Unión Europea. Y lo es especialmente porque parece haber enterrado el dogma de la austeridad que tanto sufrimiento provocó a muchos ciudadanos europeos, sobre todo a los de los países del sur, entre ellos, España.

Y si importantes son estos fondos no lo es menos que gran parte de ellos vayan endosados a deuda de la UE. Ya iba siendo hora de que esto se pareciese a una `Unión´, demostrando y aplicando alguno de los principios para los que fue creada. Lo dicho. Ya era hora.

Las cifras de los fondos citados son importantísimas (140.000 millones para el Estado español), de los cuales más de 25.000 millones estarán disponibles en el año 2021, por lo cual es importante ser ágiles y eficientes en la presentación de proyectos, que sean bien valorados y que respondan a las directrices fijadas por Europa, teniendo en cuenta que un 37% de los mismos se destinarán a Transición Ecológica y un 20 % a digitalización, que como bien sabemos necesita tanto el medio rural.

En primer lugar quiero hacer una reflexión básica en el sentido de que  que sería deseable que estos fondos contribuyesen a corregir las grandes desigualdades existentes entre territorio rural y urbano. Más que un deseo es una necesidad.

La Estrategia Nacional para el Reto Demográfico expresa claramente esas diferencias económicas de infraestructuras, de acceso a la sanidad y educación, transporte, nuevas tecnologías, y anima a corregirlas de forma urgente.

Todas las administraciones (nacional, autonómicas y provinciales) se han manifestado en esta dirección, por lo que creemos que orientar estas nuevas inversiones hacia territorios poco poblados  debe ser una prioridad. Este es el momento de demostrar esa preocupación. Es el momento de pasar de las palabras a los hechos. Será difícil encontrar otra ocasión como la que se nos brinda ahora con los fondos para la Recuperación e intentar que nuestras zonas rurales cobren la vida que nunca debieron perder y que políticas nefastas durante años propiciaron.

Una de las orientaciones del Plan de Recuperación es la Digitalización, dotada con un 20% de estos fondos. Las infraestructuras digitales tendrán una gran importancia en el futuro de este país, y su implantación en todo el territorio y quiero resaltar en todo el territorio, por muy alejado que esté es una cuestión ineludible para cualquier Gobierno. Este objetivo debe servir para terminar de una vez con las brechas digitales existentes en nuestro país, digo brechas porque son varias las que afectan a los territorios rurales. La principal es la de las infraestructuras, pero no es la única aunque sí es la más importante y la que más sufrimos en el medio rural.

Es el momento de hacer llegar a los territorios alejados y despoblados la fibra óptica con las mismas capacidades que en el resto del país para poder impulsar las inversiones  del Plan de Recuperación en estas zonas rurales. Por eso, debe priorizarse la asignación de fondos con el fin de asegurar un futuro en territorios rurales tan necesitados si lo que queremos es invertir la tendencia del abandono de los pueblos.

Si importantes son los fondos para Digitalización no lo son menos los de Transición Ecológica. Este es un tema que afecta a gran cantidad de sectores económicos  que pueden aportar iniciativas para conseguir esa transición que propone la UE.

Pero quiero detenerme en un sector y territorio que puede aportar mucho a dicha Transición como es el agroalimentario, que durante esta pandemia ha dado una respuesta firme y eficiente. Ha demostrado su dinamismo y compromiso con los ciudadanos de este país proporcionando alimentos suficientes y de calidad.

Por lo que respecta al sector agrario sería muy conveniente con estos fondos dar un gran impulso a la transformación de nuestros regadíos. Debemos tener en cuenta que un 19% de estas superficies aportan un 60 % de los alimentos, y a la vez generan mucho empleo fijando población en el medio rural.

La modernización y digitalización del regadío haciéndolo más sostenible, más ahorrador de agua, menos contaminante y con energías renovables cumple con los mandatos de la Transición Ecológica, que exigen estos fondos europeos.

Estos próximos años 2021 a 2024 y hasta 2026 son un buen periodo para dar impulso a nuestras zonas despobladas. Es necesario cambiar la orientación de las inversiones acercándolas al medio rural para conseguir una mejor ordenación territorial, para reducir las diferencias entre lo rural y lo urbano, para eliminar las brechas digitales y para hacer territorios equiparables con ciudadanos más iguales.

Para esto y mucho más deben servir los fondos de Recuperación. Por ello hacemos un llamamiento a nuestros gobiernos para que tengan presente la situación que viven los territorios rurales poco poblados, orientando  estos recursos para sacar a estas zonas del abandono y despoblamiento.