Si hay un sector que está especialmente preocupado por la huelga de la estiba es el del aceite de oliva, que ve con preocupación los efectos que tendrá en sus exportaciones los anunciados paros en los puertos. Por eso, esperan que este lunes 22 los sindicatos de estibadores y las empresas cierren un acuerdo que frene la convocatoria de ocho jornadas de huelga que se iniciará este mes los días 24, 26, 29 y 31.

El director de la Asociación de la Industria y Comercio Exportador de Aceite de Oliva (Asoliva), Rafael Pico, ha apuntado que una eventual huelga de estibadores plantearía problemas logísticos y económicos para estas empresas, que utilizan la vía marítima para buena parte de sus envíos exteriores.

De materializarse los paros, se crearía “un problema serio” para estas empresas, en un año complicado para los envasadores, con precios de la materia prima muy altos que, según explican, no pueden repercutir en el mercado internacional para no perder clientes.

dependencia de los puertos

Pico ha recordado que los últimos datos oficiales de la Agencia de Información y Control Alimentarios (AICA) para abril muestran, por los altos precios, que las ventas han caído un 40% mensual, con lo que una huelga en los puertos agravaría la situación del sector.

Muchos envíos a la Unión Europea (UE) -como Francia- se hacen por carretera pero la totalidad de las exportaciones a los denominados “países terceros”, los extracomunitarios, dependen de puertos como los de Barcelona, Valencia, Sevilla (fluvial) o Algeciras, así como también los fletes a Reino Unido (desde Bilbao), ha detallado.

En el caso de Italia, Pico ha subrayado que este país absorbe alrededor del 80% de todas las exportaciones españolas de aceite de oliva a la UE, y “en un nivel altísimo” se hace a través de puertos, como el de Barcelona, Valencia o incluso Málaga. “No es descartable que si hay una huelga de la estiba el comercio intracomunitario se vea afectado entre un 60 y un 65%”, agrega Pico, si llegan los paros.

A su juicio, la huelga de la estiba supondría “un transtorno, pérdida de barcos, quedar mal con los clientes y, en suma, un sobrecoste porque, a veces, para cumplir con los compromisos firmados y los contratos los exportadores pueden verse obligados a irse a puertos de otros países comunitarios”.

Según Pico, los paros provocarían, en suma, “un problema complicado, que no sabemos cuánto va a durar y por cuánto tiempo ni qué visos de solución tiene”.