Editorial del número 311 de la revista La Tierra de la Agricultura y la Ganadería
La incertidumbre ante el porvenir es consustancial a todos los órdenes de la vida. Por mucha previsión, planificación y control previo de los acontecimientos, siempre hay factores que despiertan temor ante los riesgos y las amenazas que nos esperan en el futuro.
Una reflexión que, por obvia, no deja de ser muy relevante para cada persona, cada colectivo, cuando nos enfrentamos a proyectos de vida, profesionales, sociales… condicionados por factores que escapan a nuestra voluntad de hacer las cosas lo mejor posible.
En nuestro caso, en el trabajo personal y profesional en la agricultura y ganadería familiar, estamos sobrados de experiencia en afrontar momentos de crisis y preocupación por el futuro. ¿Cómo vendrá la próxima cosecha? ¿Se portará bien el clima en este contexto de cambio impredecible? ¿Conseguiremos negociar precios justos para nuestros productos? ¿Se mantendrán en términos razonables los costes imprescindibles para producir? ¿Tendremos un marco regulador que nos proteja y apoye?
Todo ello, sin olvidar la preocupación de fondo por la continuidad de las explotaciones, el recurrente relevo generacional, que es el objetivo más importante para el modelo social mayoritario de agricultura y ganadería familiar, un concepto que supera desde hace tiempo el esquema tradicional de familia.
En este contexto de continuidad, las mujeres y los hombres, jóvenes y mayores, que formamos la gran familia de UPA sabemos siempre encontrar horizontes de optimismo y confianza en el futuro. Solo así, con firmeza y voluntad, mantenemos una actitud colectiva de movilización permanente, que nos permite plantear alternativas a cada problema y conseguir soluciones que nos ayudan a progresar.
Con esta fuerza y este ánimo afrontamos ahora, en los últimos meses de 2026, un momento, como tantos otros en el pasado, especialmente complejo. De un lado, la incertidumbre ante el nuevo período político en España tras las elecciones del 29 de noviembre, a las que seguirán las elecciones autonómicas en mayo de 2027. Y, de otro lado, ante las negociaciones abiertas en la Unión Europea para definir la reforma inmediata de la Política Agraria Común, con presiones muy poderosas de países que quieren dinamitar el mayor logro histórico del proceso de integración europea.
En estos escenarios se juega en gran medida nuestro futuro. Somos muy conscientes. Y por ello nos movilizamos sin descanso para influir a todos los niveles, porque la historia y el presente nos confirman siempre que solo con grandes movilizaciones sociales se consiguen avances positivos.
Incluyendo un último factor: la presión cada vez mayor –y de consecuencias más graves- de las grandes oligarquías financieras, empresariales y políticas que controlan los mercados mundiales de la energía y los medios de producción, provocan guerras injustas y absurdas convertidas en enormes negocios globales, y trasiegan con malas artes en los mercados internacionales de materias primas, incluidos los productos agrícolas y ganaderos.
En definitiva, una vez más, nos jugamos el futuro. Y por nuestra parte, no va a quedar. Superamos siempre el temor a lo desconocido con dosis crecientes de empeño, trabajo y optimismo, como sabemos hacer quienes trajinamos a diario con la tierra, las semillas, los árboles y las plantas, los frutos de cada cosecha, los animales que cuidamos… y los alimentos que ofrecemos cada día a toda la sociedad.






