José Antonio Turrado / Secretario General ASAJA Castilla y León

La mayoría de los españoles, que no todos, nos alegramos de la buena marcha del sector porcino, que facturó en nuestro país el año pasado la cifra récord de 18.500 millones de euros, como recientemente han informado los máximos responsables de la Interprofesional, Interporc.

Un sector internacionalizado que de nuevo incrementó las exportaciones hasta representar el 41,2% del volumen de negocio, distribuyendo nuestros productos por todo el mundo, lo que indica que somos competitivos en un mercado absolutamente globalizado. Todo esto sin prácticamente recibir ayudas públicas, y estando sujetos a unas estrictas normas medioambientales, de salud pública, de bienestar animal y laborales, que encarecen los procesos productivos en todos los eslabones de la cadena.

Me interesa recordar que este sector está en España representado por las empresas integradoras y por los ganaderos integrados, asumiendo cada parte un papel muy distinto, incluso cuando se trata de repartir el beneficio o de asumir las pérdidas – que, como en todo negocio, las hay-. Pues bien, en la parte del integrado, en la de ese ganadero que invierte en unas modernas y funcionales instalaciones bien para la fase de reproducción o para la de cebo, y que trabaja como autónomo en esas granjas todos los días del año, las crisis también han hecho mella.

Todas las crisis han dejado mella. Porque no es fácil, y de hecho no ha ocurrido, que el integrador compense al integrado por la subida desmesurada de los costes de la luz, del gasóleo, del combustible utilizado para calentar las instalaciones en la entrada de animales en meses fríos, de los costes laborales, de las facturas de mantenimiento, de las mayores amortizaciones por el encarecimiento de los materiales, de las primas de los seguros ganaderos y generales, de la gestión de purines y otros residuos, y pronto de los mayores intereses de los préstamos.

Digo esto porque el sector se siente desatendido por el Gobierno nacional y por las comunidades autónomas cuando se están dando ayudas a todos los sectores ganaderos menos a este. Hay un decreto de apoyo a sectores lácteos y otro en consulta pública a sectores cárnicos, pero nada para el porcino, y no es por olvido.

Por eso hoy, cuando retumban esos buenos datos de este sector que está impulsando la economía en amplias zonas de nuestro territorio, hay que recordar que los ganaderos integrados sufren las penurias económicas al menos en la misma medida que las sufren los de las vacas, los de las cabras, los de los pollos, o los de las ovejas. Penurias económicas y dedicación diaria a la granja, a los animales, y sin recibir ni un solo euro de las ayudas directas de la PAC. Por eso no se entiende que ahora, ahora que hay para muchos sectores para compensar parte de sus pérdidas, el Gobierno y las comunidades autónomas abandonen a su suerte a los ganaderos integrados del sector porcino.