En sólo tres años, la nacra (Pinna nobilis), una especie de bivalvo gigante endémica del Mediterráneo, ha pasado de estar incluida en la categoría de «especie vulnerable» a la de «especie en peligro crítico de extinción» en la lista de especies amenazadas del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, y a estar incluida dentro de la lista roja de las especies amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). El motivo es el protozoo Haplosporidium pinnae, que desde 2016 provoca mortalidades cercanas al 100% en las poblaciones de nacra de toda la costa mediterránea.

En la bahía de los Alfaques, en el delta del Ebro, los primeros brotes de la enfermedad comenzaron en julio de 2018, coincidiendo con unas temperaturas especialmente altas (> 28° C). A esta amenaza hay que añadir la de otro patógeno, una microbacteria que en Italia ha provocado mortalidades masivas, así como el hecho de que las nacras de las bahías del Delta viven entre 20 y 130 cm de profundidad y, por tanto, están expuestas al choque con las embarcaciones.

En la costa española, la única población que, por ahora, no ha sufrido los efectos de las enfermedades es la de la bahía del Fangar, en el delta del Ebro. La población del Mar Menor (Murcia), donde aún quedan miles de individuos, se ha visto afectada recientemente, y la de los Alfaques, que se encontraba afectada en su parte más exterior, también está en riesgo a raíz de los estragos del temporal Gloria: la rotura de la Barra del Trabucador expone a los patógenos a las nacras no infectadas del fondo de la bahía, y se desconoce cómo las afectará cuando la temperatura del mar suba hasta los 13,5 ° C, que es cuando el protozoo puede empezar a actuar.

«Las poblaciones de nacras del delta del Ebro constituyen uno de los últimos santuarios de la especie en la Península Ibérica, y los científicos, las instituciones públicas y la ciudadanía tenemos que hacer un esfuerzo común para poder conservar este patrimonio único», señala Patricia Prado, investigadora del Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias (IRTA).

Con el objetivo de salvar las nacras del Delta, la Federación Catalana de Actividades Subacuáticas (FECDAS) y el IRTA lanzan este 5 de febrero, la campaña de micromecenazgo Salvemos las nacras, ni una nacra menos, con los siguientes objetivos: rescatar a los individuos juveniles de la bahía de los Alfaques atrapados en las barras de arena a poca profundidad, que se exponen a la desecación y los golpes de las embarcaciones; censar y hacer el seguimiento de los individuos de la población de nacras de la bahía del Fangar, y buscar individuos supervivientes en la entrada de la bahía de los Alfaques potencialmente resistentes a la enfermedad y trasladarlos a un área donde la navegación esté restringida.

La campaña de micromecenazgo, en la que también participan la Universidad de Barcelona y VIMAR, cuenta con el apoyo del Departamento de Territorio y Sostenibilidad de la Generalitat, el Ayuntamiento de San Carlos de la Rápita y otros agentes locales, y aspira a alcanzar los 7.959 €. Se articula a través de la plataforma Verkami, y puede accederse a través de este enlace.

El IRTA, al frente de la investigación para conservar la nacra

En 2017, en el marco de un proyecto del Ministerio de Agricultura para rescatar la nacra, se autorizó el rescate de 215 especímenes de las poblaciones de nacra de la costa catalana. 100 de estos individuos, rescatados de la bahía de los Alfaques, se trasladaron a las instalaciones del IRTA de Sant Carles de la Ràpita.

Este proyecto ha sido de gran importancia para estudiar las necesidades nutricionales de la especie y evaluar su adaptación a las condiciones de cautiverio.

En la primavera de 2019, investigadores del IRTA encontraron una nueva población de nacra cerca de la Punta de la Banya de la bahía del Fangar, formada por varios centenares de individuos sanos agrupados en densidades localmente altas, de hasta 44 individuos/100m2. Se trata de ejemplares pequeños, de edad aún desconocida, y difíciles de observar porque están situados en una pradera de Cymodocea nodosa, razón por la que no se tenía constancia.