La ganadería está siendo uno de los sectores más afectados por la situación de estado de alarma y en gran medida por la presión que está ejerciendo la industria. La Asociación Agraria-Jóvenes Agricultores (ASAJA) de Ciudad Real ha advertido del intento de compras sin precios a los ganaderos de ovino y caprino a costa del estado de alarma decretado como consecuencia de la crisis sanitaria. La organización agraria asegura que es inasumible que ciertas industrias comprometan a los productores con no recogerles los corderos y los cabritos, forzando una bajada en los precios y desestabilizando al sector ganadero.

En concreto, algunas empresas estarían intentando hacer ver que existe un descenso del consumo, pero -aunque así fuera- en absoluto justifica que los ganaderos tengan que entregar sus productos sin precios cerrados, tal y como defiende ASAJA Ciudad Real.

Una situación de compras sin precios que crea mucho desconcierto entre los ganaderos y desequilibrios en el sector, que pueden llegar a amenazar la viabilidad de algunas explotaciones ganaderas de la provincia. ASAJA insiste en que la especulación no debe intervenir en el mercado, y mucho menos en un momento como éste.

ASAJA insta a los productores a que no incurran en este tipo de operaciones, donde no existe un contrato por escrito entre las partes con los precios de la venta determinados. Desde el punto de vista de la organización agraria, actuar de ese modo “es ilegal”. Así lo establece la Ley de la Cadena Alimentaria, que obliga además a que esos contratos contemplen precios ciertos o referenciados en base a las lonjas. Asimismo, la norma dispone que dichos contratos sean fruto del acuerdo entre las partes y no impuestos de manera unilateral. Así las cosas, ASAJA recuerda que no cumplir con la Ley de la Cadena es motivo de que estas empresas puedan ser sancionadas.

La asociación agraria incide en que «es un momento en el que todos los eslabones de la Cadena Alimentaria deben poner de su parte. Ahora, más que nunca, deben comprometerse para ofrecer una situación de normalidad y que el sector goce de la estabilidad suficiente que permita que todo funcione bien, sin perjudicar los intereses de los ganaderos y de los consumidores. Es inadmisible que haya una situación de indefensión en la primera y última pieza del engranaje, los productores y consumidores, por el afán dominante de otras».