Alemania y Países Bajos rechazaron este viernes 24 aumentar el presupuesto de la Unión Europea (UE) para financiar nuevas prioridades como la defensa o la transición ecológica y apuntaron a impulsar recortes en los fondos agrícolas, ratificando la propuesta inicial sobre la nueva PAC, y regionales en el primer intercambio a nivel de jefes de Estado y de Gobierno sobre las futuras cuentas.

Los líderes de la UE arrancaron en la cumbre de Chipre las negociaciones del próximo presupuesto comunitario, unos debates siempre complejos y divisivos que han comenzado confirmando el rechazo de países más austeros, denominados «frugales», a aumentar el tamaño de las cuentas.

Así se expresó el canciller alemán, Friedrich Merz, quien se opuso a aumentar su tamaño incluso al nivel que ha planteado la Comisión Europea, insuficiente para otras capitales entre las que se encuentra Madrid.

PARA EL CANCILLER ALEMÁN,»HAY QUE REASIGNAR LOS FONDOS, PORQUE TODAVÍA SE MUCHO DINERO EN LA POLÍTICA AGRARIA»

«Europa debe arreglárselas con el dinero que tenemos», zanjó Merz en declaraciones a los medios después de indicar que esto «significa también que hay que reducir el gasto en otras áreas» si se conjuga con la necesidad de financiar «nuevas prioridades».

El alemán no nombró en qué áreas se deben realizar recortes, un extremo al que sí llegó el neerlandés, Rob Jetten, quien abogó por «reasignar fondos» porque, por ejemplo, «todavía se gasta mucho dinero en la política agrícola».

«La propuesta que hay encima de la mesa es completamente inaceptable tanto por su tamaño como por las contribuciones nacionales», insistió al salir de la cumbre, antes de tildar de «inaceptable» un incremento de la aportación de su país a las cuentas comunes.

En todo caso, Berlín y La Haya no son los únicos socios que rechazan el borrador en cuanto a su dotación, puesto que también fue criticado el pasado verano por otros como Austria, Suecia y Finlandia. Pero este grupo choca con otros Estados miembros para los que incluso la propuesta de Ursula von der Leyen se queda corta.

Es el caso de España, que apuesta por incluso elevar al 2% de la renta europea el presupuesto comunitario y mantener los fondos agrícolas y regionales, además de crear un mecanismo de préstamos financiado con deuda común para invertir en bienes públicos europeos.

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