La comunidad de regantes Margen Derecha del Bajo Guadalete (Cádiz) ha solicitado a la Fiscalía de Medio Ambiente que investigue supuestos vertidos contaminantes al río por parte de Azucarera y la depuradora EDAR Guadalete, a las que responsabiliza de las pérdidas ocasionadas en los cultivos de los comuneros de la zona regable del Poblado de Doña Blanca.

Según el escrito presentado ante la Fiscalía al que ha tenido acceso Ángel Espejo en diariodejerez.es, los comuneros de Doña Blanca denuncian que a partir de la campaña 2015/16 se han agravado las mermas que venían registrándose en sus cultivos con anterioridad, hasta provocar pérdidas totales en las producciones de algodón, alfalfa y arroz, como ha ocurrido en el presente año agrícola.

“Durante la presente campaña agrícola –en concreto del 1 al 20 de mayo– se han vuelto a sufrir vertidos tóxicos y salinos con importantes daños económicos”, afirma el escrito de denuncia, que se acompaña de acta notarial sobre los daños y análisis vegetales de los cultivos realizados a finales de junio.

Los regantes piden al ministerio fiscal que investigue las supuestas irregularidades detectadas por la comunidad y las organizaciones agrarias, sobre las que aporta distintos análisis e informes sobre los elevados niveles de toxicidad que presenta el agua, las plantas y el suelo, y que atribuyen a estos “vertidos tóxicos”.

La “pérdida en los cultivos se está produciendo por continuos vertidos contaminantes al río que están siendo trasladados a los campos de labor a través de los riegos”, señala el escrito, en el que la comunidad de regantes detalla que su toma de agua se sitúa en el Azud de El Portal, muy cerca del punto de vertido de la EDAR de Jerez y de las balsas de aguas residuales industriales de la Azucarera del Guadalete.

Los comuneros, siempre según el escrito, apuntan a ambas entidades como responsables de los “vertidos ilegales” y “notorios” que se están produciendo, para lo que alega que las tomas de agua aleatorias tomadas por la comunidad tras detectarse pérdidas en los cultivos, normalmente entre abril y junio de cada año, arrojan un fuerte incremento de la salinidad del agua, así como de otros elementos tóxicos para los cultivos, como cloruros y sodio, que alcanzan “niveles intolerables”.

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