La superficie de pistachos ecológicos ha crecido vertiginosamente en Castilla-La Mancha y España puede convertirse en el futuro en uno de los principales países productores del mundo, siempre que el manejo del cultivo sea el adecuado, advierten los investigadores que han propiciado con sus estudios su desarrollo.

Irán, Turquía y Estados Unidos son ahora los principales productores mundiales y España puede sumarse a ellos cuando todas las hectáreas plantadas, principalmente en Castilla-La Mancha, estén a pleno rendimiento, según el gerente de Green Pistachio, Ricardo Planas.

Ha confirmado que «este leñoso se ha puesto de moda» tanto entre los agricultores castellano-manchegos como entre personas que se dedican a otros negocios y deciden diversificar su actividad con su producción ya que «la gente ha visto que era un cultivo rentable«.

Según la Encuesta sobre superficies y rendimientos de cultivos (Esyrce) del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA), en España había 1.212 hectáreas plantadas con árboles de pistachos ecológicos en 2010 y en 2020 esa cifra alcanzó las 44.244 ha, casi todas ellas en Castilla-La Mancha.

“TURQUÍA E IRÁN CUENTAN CON UNOS COSTES LABORALES Y UNA ENERGÍA MÁS BARATA, ASÍ QUE ESPAÑA HA DE COMPETIR NO POR CANTIDAD, SINO MÁS BIEN CON CALIDAD»

Green Pistachio, con sede en Borox (Toledo) y fundada en 2014, es fruto de esa «eclosión» del pistacho en la región que, según ha explicado Planas, tiene un gran futuro porque se dan unas condiciones únicas para su desarrollo -tanto de clima y tierra como porque necesita menos agua que otros leñosos- y por la apuesta ecológica.

«Turquía e Irán cuentan con unos costes laborales y una energía más barata, así que España ha de competir con ellos no por cantidad, si no más bien con calidad», que es muy reconocida ya en mercados como el europeo, donde hay una gran demanda de alimentos ecológicos.

El boom de este fruto seco no ha parado y prueba de ello es la inversión de cuatro millones de euros de la firma Iberopistacho para abrir dentro de un año una planta de procesado de pistachos en Argamasilla de Alba (Ciudad Real), la mas grande de Europa, con capacidad para seis millones de kilos al año.

«España se podría convertir en la tercera productora mundial dentro de diez o quince años, cuando estén en plena producción 50.000 hectáreas», ha calculado su gerente, Juan Gallego, quien también ha asegurado que el «100% ecológico es nuestro sello».

«El futuro será prometedor para quien haga las cosas bien», ha sentenciado Gallego.

Planas ha avanzado que existe una iniciativa entre varias procesadoras para vender de forma conjunta el producto que comercializan y que en breve la Lonja de Albacete va a inaugurar una mesa de precios con las cotizaciones de los pistachos ecológicos.

El Centro de Investigación Agroambiental El Chaparrillo, de titularidad regional, fue el primero en investigar en los años 80 sobre las posibilidades del cultivo de árboles de pistacho y en formar a los agricultores manchegos sobre sus variedades, plantación, mantenimiento, abonado y tratamiento de plagas.

El jefe del Departamento de Pistacho de El Chaparrillo, José Francisco Couceiro, ha recordado que este centro tomó el testigo de las primeras investigaciones de la Escola Agrària Mas Bové (Tarragona), que las desechó tras ver que la humedad relativa ambiental de las posibles zonas de producción eran demasiado altas.

«Tampoco era un cultivo viable en el Sur, por falta de unidades de frío», mientras que «en Castilla-La Mancha se cumplen todos los factores climáticos» para su desarrollo y se pueden salvar otros como que el suelo es poco profundo -debido a que hay una costra caliza a medio metro- si se apuesta por «marcos de plantación amplios».

Si no hay metros para que profundicen las raíces, hay que separar más los árboles para que éstas crezcan lateralmente, ha recalcado tras indicar que muchos productores, reacios en un principio a probar, al ver a sus vecinos hacerlo, han decidido finalmente sustituir viñedos por pistachos ecológicos, sobre todo en Ciudad Real y Toledo.

En secano, desde que se planta hasta la primera cosecha pasan de media siete años, y en regadío, seis, ha precisado antes de advertir que también es muy importante que los portainjertos que se utilicen no sean de gran vigor.

Couceiro ha alertado de la importancia de que los productores sigan estas y otras directrices que marcan los años de investigación sobre el cultivo del pistacho de un centro público como el de El Chaparrillo, «basadas en experimentaciones regladas», porque «un manejo inadecuado del cultivo podría ser su final» a medio plazo.