Los agricultores reivindican el papel del girasol nacional frente a las importaciones masivas de aceite de palma, en un escenario en el que este cultivo herbáceo no atraviesa sus mejores momentos por falta de rentabilidad y pierde terreno en el campo español frente a colza, almendro, olivos o leguminosas.

Algunos productores de las provincias de Sevilla y Cádiz inician estos días las primeras recolecciones de girasol de toda Europa, una planta ligada durante siglos a las campiñas y al «secano».

España importó un 92% más de aceite de palma mientras que el girasol nacional comienza a perder peso

Desde Asaja-Cádiz, Pedro Gallardo ha reflexionado que «no tiene sentido» que España sea uno de los tres mayores importadores de aceite de palma -junto a Holanda e Italia-, pese a sus efectos para la salud y el medio ambiente, y no se apueste más por grasas de calidad, como el girasol, que podría competir bien en precio como ingrediente alternativo para la industria agroalimentaria.

España importó 485.000 toneladas de aceite de palma -de media- entre 2009 y 2013, cifra que creció el 92% en la campaña 2014-2015, con 932.000 t, mientras que las compras de la Unión Europea (UE) subieron el 33%, sobre todo a Indonesia, Malasia o Papúa Nueva Guinea, ha detallado Gallardo, responsable también de cereales, oleaginosas y proteaginosas de Asaja ante el Copa-Cogeca.

Según sus datos, el cultivo de girasol está perdiendo peso en toda España, incluida Cádiz, donde aumentan las plantaciones de olivar, almendro, colza y hasta aguacates (1.400 hectáreas estarán en producción este año en la provincia, con el impulso dado por dos cooperativas) o quinoa, que ha logrado en fincas andaluzas rendimientos récord mundiales de 4.500 kilos por hectárea.

El responsable de cultivos herbáceos en COAG-Andalucía, Ramón García, calcula que este año se habrán sembrado 340.000 hectáreas en dicha comunidad, 7.500 menos que en el ejercicio pasado.

García ha indicado que una cuarta parte de la superficie se destina a girasol «alto oléico», es decir, el que deriva sus pipas a la elaboración de aceite refinado, cada vez más presente en los lineales de los supermercados y entre la industria conservera.

Según ha señalado, los agricultores buscan alternativas más rentables como quinoa, colza, leguminosas y proteaginosas, algo paradójico porque cada vez se vende más aceite de girasol en el supermercado -como alternativa a los altos precios que tiene los olivas- y torta de girasol para fabricar piensos.

A nivel agronómico, esta campaña se ha sembrado más tarde en Andalucía y, aunque los girasoles han respondido bien, la última ola de calor y la sequía del mes de junio, en plena floración, podría afectar a la recolección, a lo que se suman los ataques de conejos en fincas de Sevilla, Córdoba o Cádiz, ha recordado.

Los agricultores cobran hoy por la pipa casi la mitad de lo que percibían hace una década

Desde los comerciantes de Accoe, José Manuel Álvarez ha indicado que, en teoría, una disminución de superficie y oferta debería incidir en las cotizaciones, pero que en la práctica no se notará porque «los precios los marcan los puertos», debido a las fuertes importaciones.

Por su parte, el secretario general de UPA-Andalucía, Miguel Cobos, ha constatado también el declive del cultivo, ya que de las 280.000 hectáreas de hace unos años se ha pasado a 229.000 en esta Comunidad y, de hecho, los agricultores cobran hoy por la pipa casi la mitad de lo que percibían hace una década.

Cobos ha afirmado que el cambio climático abre nuevas incertidumbres sobre la viabilidad de este herbáceo de primavera en el futuro, por la escasez hídrica.

De momento, los girasoles están en buen estado, gracias a que recibieron algunas lluvias en mayo, por lo que confía, aunque es pronto aún, en que se obtengan rendimientos de 1.000-1.100 kilos por hectárea, lo que llevaría la producción hasta 230.000 toneladas.

En su opinión, el aumento de ventas del aceite de girasol en los lineales y el aumento de piensos por la sequía podría notarse en una mejoría de los precios de esta campaña, aunque serían leves, ya que la producción española es poco representativa y se depende en buena parte de las importaciones al exterior.

(Texto: Ginés Mena / Efeagro)