Publicaba el otro día elpais.com una información sobre un nuevo informe de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria sobre el número de vacas que acudían al matadero en avanzado estado de gestación y que ascendía al 3%, una cifra bastante representativa. El estudio se ha hecho a instancias de Alemania, Dinamarca, Países Bajos y Suecia, preocupados por la salud de estos animales y, sobre todo, de si los fetos sufrían o no durante la muerte de sus madres.

Y está muy bien eso de preocuparse del bienestar animal, pero creo que con la que está cayendo a todo el sector agrario y ganadero no sólo en este país sino en toda Europa se podían también preocupar más por las personas y, quizás (aunque sea políticamente incorrecto decirlo) menos por los animales.

Y es que está bien que obliguen a la Unión Europea a destinar fondos públicos para saber qué pasa en los mataderos, pero sorprende que no tengan tanto interés por los ganaderos que tienen que cerrar sus explotaciones por la crisis de precios de la leche. Parece que les preocupa más si sufren los fetos que lo que va a pasar con los ganaderos arruinados (y sus familias) que han perdido su forma de vida por una crisis que, en la gran mayoría de los casos, no es culpa suya.

En Francia se suicidan cada día dos agricultores o ganaderos de media ante la imposibilidad de seguir adelante con sus explotaciones. En España, afortunadamente, no se llega a tanto pero, por ejemplo, sólo en este año casi 200 ganaderos lácteos han tenido que cerrar sus explotaciones. Otro agricultores directamente han tenido que destruir sus cosechas de patatas o cebollas porque así pierden menos que venderlas a los 0,07 €/kg que les ofrecen. Pero nadie pregunta por ellos. Ni siquiera parece que les preocupe por qué se dan estas circunstancias. Mejor pedir estudios a la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria sobre el sufrimiento de las vacas que sobre el sufrimiento de las personas. Y así nos va.