Las secciones de crédito de las cooperativas agroalimentarias son fundamentales para sostener su actividad y la de sus agricultores o ganaderos asociados. Pese a ser uno de los servicios más desconocidos de estas entidades, suponen una pieza clave en su viabilidad económica y una importante fuente de financiación para sus socios.

Andalucía es una región donde este servicio ha arraigado con fuerza debido principalmente a su carácter agroganadero, a la gran cantidad de pequeños municipios que se reparten por toda la región y al importante número de cooperativas.  No es de extrañar, por tanto, que una de cada tres secciones de crédito de las cooperativas españolas sea andaluza.

En 2011 se publicó la Ley de Sociedades Cooperativas Andaluzas y abrió un nuevo escenario para las secciones de crédito en la comunidad autónoma. La posterior modificación de dicha norma, en 2018, acarreó de nuevo la necesidad de adaptar el funcionamiento de estas entidades a la legalidad vigente. Para ello, Cooperativas Agro-alimentarias de Andalucía realiza un esfuerzo continuo en formar, informar y asesorar a las secciones de crédito de las cooperativas andaluzas con el fin de garantizar su buen funcionamiento y adaptarlas a la nueva normativa.

Una de las líneas de trabajo que realiza en este sentido se enmarca en el proyecto ‘Elaboración e implantación de un manual de procedimiento de buenas prácticas en el funcionamiento de las secciones de crédito en las cooperativas agrarias’. Financiado por la Consejería de Empleo, Formación y Trabajo Autónomo dentro del Programa de Apoyo a la Promoción y el Desarrollo de la Economía Social para el Empleo, a través de este programa bianual se realiza un asesoramiento completo a las secciones de crédito de las cooperativas y se les ayuda a adaptarse a la nueva norma.

Para ello, Cooperativas Agro-alimentarias de Andalucía ha elaborado un manual de buenas prácticas, útil y funcional, que pretende ser una herramienta para facilitar la gobernanza de las secciones de crédito.

En el documento se regulan detalladamente, entre otros aspectos, la gobernanza, disciplina y normas de conducta, además de cómo debe quedar reflejada la constitución de una sección de crédito en los estatutos de la cooperativa. Asimismo, se informa de los requisitos financieros que deben cumplir las secciones y se incluyen formularios de los contratos más frecuentes.

También “se hace especial hincapié en la figura del director de la sección de crédito con dedicación permanente a la misma, quien deberá reunir las condiciones de capacidad, preparación técnica y experiencia para desarrollar las funciones propias del cargo, así como de todos los requisitos que debe cumplir tanto él como la entidad”, explica Santiago García Montagut, miembro del departamento jurídico de Cooperativas Agro-alimentarias de Andalucía. En este apartado se incluyen todo tipo de buenas prácticas de las secciones, la prevención del blanqueo de capitales y las relacionadas con la auditoría externa y la contabilidad.

Además de un asesoramiento personalizado y continuo a las cooperativas con secciones de crédito, desde la federación andaluza han realizado diferentes seminarios sobre este asunto, así como una jornada técnica digital sobre las secciones de crédito, en la que participaron más de 110 profesionales. En este marco, la federación acordó crear junto a la Consejería de Empleo un grupo de trabajo para estudiar las estrategias con las que mejorar la rentabilidad de las secciones de crédito.

RELACIÓN HISTÓRICA

Las secciones de crédito fortalecen el vínculo entre el socio y su cooperativa, al mismo tiempo que aportan valor añadido, profesionalidad y modernización a la empresa. Son de extrema utilidad para ofrecer liquidez a los cooperativistas cuando lo requieren y en unas condiciones adecuadas a sus necesidades. De ahí que los anticipos de campaña o los créditos para acometer inversiones en las explotaciones sean actualmente algunos de los servicios que más les demandan los cooperativistas.

No siempre ha sido así. Las secciones de crédito de las cooperativas andaluzas nacieron a principios del siglo XX con el objetivo fundamental de cubrir la falta de financiación entonces tan común en el sector agrario y promover de este modo la facilidad de créditos para agricultores y ganaderos.

A través de estas secciones se promocionó también la compra de medios de producción o el desarrollo de infraestructuras de uso común para la cooperativa, actividad muy relacionada con el origen del nacimiento de las cooperativas agroalimentarias. A lo largo de los años, los servicios de las secciones de crédito han ido variando y se han adaptado a las necesidades de los cooperativistas. De un modo u otro, su función continúa hoy en día en perfecta sintonía con los principios cooperativos.