En los países desarrollados como el nuestro, la comida ya no es una cuestión de supervivencia. Podemos encontrar gran diversidad de fruta y verdura en todas las épocas del año y siempre en cantidades suficientes para cubrir la demanda.

Con el estómago lleno, hemos olvidado cómo y dónde se producen los alimentos, sostiene la plataforma agrícola Nerthus. En España, más del 80% de la población vive en ciudades

Según un informe publicado recientemente, los ciudadanos tienen un profundo desconocimiento acerca de la actividad agraria que abarca prácticamente a todos los ámbitos: la tecnología que emplea, la importancia socioeconómica del sector, la seguridad de los productos y la profesionalidad de los agricultores[1]. Desde su ignorancia, tan pronto condenan los métodos usados en la agricultura convencional como idealizan con tipos de agricultura alternativos incapaces de cubrir sus necesidades.

El citado informe demuestra que los ciudadanos desconocen que, para cubrir la demanda actual de alimentos, la agricultura se ha profesionalizado mucho en los últimos años garantizando programas de producción con la máxima seguridad y optimización de recursos. La clave para asegurar la producción sostenible de alimentos de alta calidad radica en el uso responsable de todas las herramientas disponibles para proteger las plantas contra plagas y enfermedades, incluyendo el uso racional de fitosanitarios, de acuerdo con las buenas prácticas agrícolas y los principios de la Gestión Integrada de Plagas (GIP).

Desde la ignorancia y cuando la alimentación deja de ser una necesidad, resulta fácil desarrollar temores sobre la seguridad basados en emociones básicas del ser humano. Si un consumidor compara el precio del tomate, que no llega a los dos euros el kg, o el precio de la carne de pollo, (cuatro euros el kilo) con el precio de las gominolas, a 5 euros el kilo, empieza a poner en duda los métodos de producción agrícola y ganadero actuales. Puestos a cuestionar los métodos de producción, uno de los miedos mas comunes es el miedo a la presencia de residuos químicos en la comida.

La legislación europea establece unos límites máximos de residuos (LMRs) que se pueden encontrar en los alimentos frescos o procesados para poder tener acceso al canal comercial. No se trata de límites toxicológicos ya que los valores considerados como límites máximos son cantidades entre 100 y 1000 veces inferiores a las cantidades estipuladas como tóxicas.

La preocupación que los consumidores muestran en relación con la presencia de residuos en los alimentos no solo es absurda si tenemos en cuenta los márgenes de seguridad entre los límites establecidos y los valores tóxicos, defiende la plataforma agrícola Nerthus. La Agencia Europea de Seguridad Alimentaria inspecciona un centenar de miles de muestras de alimentos en todo el territorio para informar, año tras año, que no existe ningún riesgo puesto que en casi el 60% de las muestras analizadas no aparecen residuos de fitosanitarios y no llega a un 3% la cantidad de muestras que exceden los límites establecidos.

Sin embargo, estos temores injustificados se convierten fácilmente en temas de opinión y de presión y han llevado a determinadas cadenas de supermercados a establecer criterios particulares para la comercialización de alimentos, exigiendo la prohibición o restricción del uso de productos fitosanitarios en determinados cultivos, la limitación del número de ingredientes activos a utilizar, o exigiendo residuos de éstos por debajo de los límites máximos establecidos, sentencia Nerthus.

La imposición de estos requisitos a los productores va en contra de la reglamentación europea sobre la gestión integrada y la producción sostenible de alimentos. La clave para asegurar la producción sostenible de alimentos de alta calidad radica en el uso responsable de todas las herramientas disponibles para proteger las plantas contra plagas y enfermedades, incluyendo el uso racional de fitosanitarios, de acuerdo con las buenas prácticas agrícolas y los principios de la Gestión Integrada de Plagas.

Los productos fitosanitarios son evaluados en primer lugar por un Estado Miembro, posteriormente por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) y finalmente son aprobados por todos los Estados miembros, en un marco legalmente vinculante en la UE que garantiza la máxima protección de la salud humana y del medio ambiente. Una vez que el proceso se completa con éxito, el uso autorizado se considera seguro y el producto fitosanitario está disponible para ser utilizado.

El establecimiento de criterios particulares por parte de las cadenas de supermercados, lejos de respaldar los principios de la agricultura sostenible, ocasionará los siguientes problemas a los productores de alimentos. En primer lugar, aumentará la posibilidad de que determinadas plagas se hagan resistentes a los fitosanitarios ya que los productores tendrán menos productos con los que combatir dichas plagas o enfermedades. En segundo lugar, cabe esperar pérdidas de cosecha y un aumento potencial de los costes de producción, con la posible consecuencia de mayores precios de frutas y hortalizas, defiende Nerthus.

Pero también afecta al consumidor. El establecimiento de criterios particulares por parte de las cadenas de supermercados está socavando la confianza en el actual proceso científico de homologación europeo. Confunde a los consumidores y crea temores infundados sobre la calidad y seguridad de los alimentos de la UE. que podrían afectar al consumo de ciertos alimentos esenciales para una dieta variada y equilibrada, rica en frutas y verduras necesarias para un estilo de vida saludable. Esto se opone a la tendencia actual a aumentar la oferta de alimentos saludables y asequibles para todos para hacer frente a problemas como la obesidad, la diabetes y las enfermedades del corazón, argumenta la plataforma.

[1] “I Encuesta sobre Percepción e Imagen de la Agricultura Española”.  https://www.distribucionactualidad.com/la-agricultura-productos-consumidos-poco-conocidos/