Donaciano Dujo / Presidente de ASAJA Castilla y León

En poco más de un mes las cosechadoras comenzarán su recorrido de sur a norte por los campos de Castilla y León. Contra lo que ocurría en el pasado, la cosecha en el norte de España se solapa con la de del sur, y no habiendo terminado en Andalucía y La Mancha ya avanzan por las provincias del Duero. Algo inédito en estas fechas es que vamos a iniciar la siega con unas cotizaciones un 25-30 por ciento más altas que las de junio de 2020. Hace un año por estas fechas, desde ASAJA denunciábamos que los intermediarios estaban especulando, forzando a la baja unos precios que estaban mucho más altos en el mercado internacional. En la última parte del año pasado hubo una subida tan inesperada como desconcertante, que poco o nada benefició a los agricultores, porque ya tenían vendida su mercancía, y por el contrario sí ha perjudicado a los ganaderos, que han tenido que cargar con unos piensos mucho más caros.

En este 2021, la cosecha mundial que se espera se ajusta mucho al consumo previsto, 2280 millones de toneladas. Este ajuste entre oferta y demanda no es lo habitual, antes solía haber un remanente del que se podía tirar en caso de complicaciones, reservas que en los últimos años se han ido recortando.

Ciñéndonos a España, todo apunta que la producción no será ni mucho menos la del año pasado. En el sur del país está por debajo de la media, y en el norte un poco por encima, pero sin relumbrón. Así pues, en el conjunto de Castilla y León, a falta de un mes para cosechar y siempre entre paréntesis (si el calor no es excesivo y si la lluvia acompaña) la cosecha podría rondar los seis millones y medio de toneladas, solo un poco por encima de la media de los últimos años, que es de seis millones.

Otro dato para tener en cuenta es que mientras que la producción total de cereales (incluido maíz) de nuestro país ronda los 25 millones de toneladas, nuestro consumo es mucho mayor: 35 millones de toneladas, sumando consumo animal, humano e industrial. Un déficit importante, más aún en el caso del maíz, ya que tenemos que importar 7,5 millones de toneladas cada año.

No sobra en ningún caso cereal, y por eso nos preocupan las plagas cada vez más dañinas que arramplan con buena parte de la producción, y contra las que poco hacen unos herbicidas cada vez más limitados. La petición del sector de efectuar quemas controladas en las zonas más afectadas no encuentra camino entre la PAC, ni una clara determinación política para modificar la normativa. Así las cosas, el único camino es que se avance en la modificación genética de nuestras semillas, contando con unas variedades de verdad adaptadas a nuestro territorio y clima, y no como las que tenemos, por las que, encima de pagar royalties excesivos, ofrecen unos resultados que defraudan las expectativas que crean las casas de semillas.

Cada tonelada cuenta, aunque últimamente parezca que los vientos de la nueva PAC soplan en contra de que los agricultores podamos cumplir con nuestro primer mandamiento, que es producir alimentos. Y tampoco sobra una tonelada para que las cuentas salgan, aunque sea mínimamente. Ojo con creerse el “cuento de la lechera”, no olvidemos que los intermediarios se encargan de pegar el hachazo en el momento que más daño nos hace. Esperemos a cosechar y sobre todo a cobrar por el grano, antes de despilfarrar el supuesto beneficio comprando maquinaria innecesaria o pagando rentas por tierras que no lo valen. Que no acabe otro haciendo el agosto a nuestra costa.