La Unión Europea (UE) parece que prefiere de dejar de legislar desde sus despachos de Bruselas y visitará las zonas de Castilla y León situadas en la cuenca sur del río Duero para analizar los problemas derivados de la presencia del lobo ibérico en la zona, donde es una especia protegida según una directiva europea, en particular respecto a su convivencia con la ganadería local.

El consejero de Medio Ambiente de la Junta de Castilla y León, Juan Carlos Suárez-Quiñones, se reunió heste lunes 29 en Bruselas con el director general de Medio Ambiente de la Comisión Europea, Daniel Calleja, para analizar el Plan de Acción de la Naturaleza de esta institución y su impacto en la presencia de las poblaciones lupinas en la comunidad, donde el lobo es especie cinegética al norte del Duero y protegida al sur.

En declaraciones a la prensa tras la reunión, Suárez-Quiñones anunció que España, Castilla y León y la UE mantendrán una reunión en las próximas semanas para trazar una hoja de ruta de cara a que representantes comunitarios acudan a las zonas afectadas.

el análisis sobre el terreno permitirá conocer «todos los perfiles del problema» y revisar las soluciones que hay que adoptar

«La UE va a ir a Castilla y León, donde van a tener una continuación esas reuniones técnicas de índole política y donde van a tener un encuentro con todos los sectores afectados, como los ganaderos o las asociaciones conservacionistas», indicó el consejero.

Continuar el análisis sobre el terreno permitirá, según Suárez-Quiñones, conocer «todos los perfiles del problema» y revisar las soluciones que hay que adoptar y, «en su caso, las soluciones jurídicas que habría que implementar» sin modificar la directiva.

La población de lobo ibérico en la comunidad alcanza, según el último censo de la especie, entre 1.400 y 1.500 ejemplares repartidos en 179 manadas.

La expansión del lobo en Castilla y León desde la cuenca norte del río Duero hacia su orilla sur ha provocado que esta especie ocupe áreas en las que no existen piezas de presa salvaje, su alimentación natural.

En zonas como Ávila, Segovia, Salamanca y el sur de Zamora, las reses se encuentran en las dehesas y en el monte sin pastoreo, por lo que se ven más expuestas a la acción depredadora del lobo.

Según datos de la Consejería de Fomento y Medio Ambiente de la Junta de Castilla y León, los ataques del lobo sobre la cabaña ganadera que han conllevado el pago de indemnizaciones se han incrementado el 47,9% en los últimos cinco años contabilizados, al pasar de los 774 registrados en 2011 a los 1.145 de 2015.

El consejero se mostró satisfecho tras la reunión con Calleja, que duró aproximadamente una hora, y celebró haber visto «un compromiso por parte de la UE en la solución al problema de la coexistencia del lobo con la ganadería».

Este compromiso europeo con el acercamiento al territorio encaja, en opinión de Suárez-Quiñones, con la línea marcada por el reciente plan de acción para mejorar la protección de la naturaleza y la biodiversidad en la UE, en el que la CE reiteró su compromiso para colaborar con las autoridades regionales y fomentar la participación de los ciudadanos.

 La Junta acepta sentarse a hablar responsablemente «pero no desde los despachos de Madrid sino desde el territorio rural»

«La UE tiene que ser parte de la solución y quiere serlo en el territorio donde está el problema», recalcó el consejero, que aplaudió «las ganas y voluntad política» por parte de la UE.

Preguntado por la preocupación de las asociaciones conservacionistas sobre el futuro de esta especie en la región, Suárez-Quiñones defendió que su gobierno mantiene contacto «con aquellas que se quieren sentar a hablar responsablemente, no desde los despachos de Madrid sino desde el territorio rural».

«Es muy fácil hablar de conservación con carácter general sin ir a explicarlo al territorio», apuntó, al tiempo que rechazó acusaciones «de que en Castilla y León queremos matar al lobo».

Suárez-Quiñones advirtió de que el problema de la despoblación de la comunidad se puede agudizar de no encontrar una solución para los ataques del lobo a las cabezas de ganado, ya que los ganaderos abandonarían las zonas rurales.

«Si no hay integración y no se reconoce en el territorio al lobo como algo positivo y se ve como un enemigo, al final ese choque va a ser negativo para el propio lobo», concluyó.