Por si los ganaderos no tuvieran poco con la grave sequía , que ha dejado a sus animales sin agua y sin pastos con los que alimentarse (con el consecuente sobrecoste que supone el traslado de agua a sus explotaciones y el mayor gasto en alimentación, que ha provocado que los sacrificios se hayan incrementado hasta un 30%), el aumento de las temperaturas está favoreciendo, además, la actividad de muchos vectores que transmiten enfermedades infecciosas y está complicando su erradicación. Y para colmo, hay cierta corriente de opinión que ataca de forma injustificada la impagable actividad de los ganaderos.

Ante este panorama y para reivindicar la labor de la ganadería y abordar los principales problemas de sanidad animal que preocupan al sector, ASAJA-Sevilla ha celebrado esta semana en la Finca La Jarosa, de El Pedroso (Sevilla), su XXXVIII Jornada Ganadera, Forestal y de la Dehesa, que contó con la colaboración de la Fundación Caja Rural del Sur, ASEGASA, Fertiprado y Corsevilla.

MESA REDONDA SOBRE SANIDAD ANIMAL

Tras la inauguración, el técnico responsable de ganadería de ASAJA-Sevilla, José Manuel Roca, dio paso a una mesa redonda sobre sanidad animal, donde tuvo un especial protagonismo la tuberculosis bovina, por su incidencia en la cabaña ganadera, su difícil erradicación y el gran coste que supone para el ganadero.

En este sentido, el catedrático de Enfermedades Infecciosas de la Universidad de Córdoba, Antonio Arenas, definió la tuberculosis como una “enfermedad grave y maligna”, tanto en su vertiente sanitaria como en su vertiente económica. “Es muy grave en el vacuno, por lo que en cuanto se detecta, hay que intentar erradicarla, y esto causa una importante pérdida de rentabilidad en las explotaciones, que dejan de percibir como mínimo un 40% de lo que deberían”, explicó.

Ante la inquietud de algunos ganaderos asistentes sobre la falta de fiabilidad de los diagnósticos y los falsos positivos que pueden dar las pruebas en ocasiones, Arenas aclaró que “la tuberculosis no es una enfermedad normal y corriente y esto implica que no hay una técnica de diagnóstico adecuada al 100% por las propias características de la enfermedad, que amplían el rango de error”. Como explicó, el periodo de incubación es largo, la enfermedad no es detectable hasta los 10 días, pero el animal infectado no  la transmite hasta los 4 meses.  Por ello, y ante la reivindicación de los ganaderos de tratar como unidad epidemiológica al individuo y no al rebaño, explicó “que no es conveniente, puesto que el rebaño ya puede estar infectado y no saberse”.

El catedrático reconoció que el ganadero necesita más ayudas para afrontar estas pérdidas y para dar de comer al ganado en la situación actual de sequía, y opinó que la Administración debería tratar la situación como una catástrofe.

Por último, Arenas aclaró que “el surgimiento de nuevas enfermedades es normal y no es algo nuevo; lo que sí es cierto es que debido al incremento de la temperatura media global, muchos vectores de estas enfermedades, como los de la Enfermedad Hemorrágica Epizoótica (EHE) o la lengua azul, están viendo favorecida su actividad y haciendo más complicada su erradicación”.

A este respecto, el jefe del Servicio de Sanidad Animal de la Consejería de Agricultura, Pesca, Agua y Desarrollo Rural, Manuel Fernández, aconsejó a los ganaderos “estar bien preparados”, porque enfermedades nuevas van a aparecer con toda probabilidad y para ello pidió a los ganaderos que confíen en la Administración, “ya que están en el mismo barco”. Fernández hizo hincapié en que “es vital la detección precoz y hay que comunicar cualquier sospecha o síntoma que no nos suene lo antes posible; hemos tenido últimamente muchos avisos de sospecha de viruela, que sólo están suponiendo tener inmovilizados los animales dos días para descartar sospechas, sólo dos días, y así logramos prevenir una catástrofe tremenda, como supuso el brote de viruela que saltó en Granada, que logramos controlar en Andalucía en tan sólo tres meses, muchos menos de lo que han tardado otras comunidades”.

Respecto a la tuberculosis, y ante la inquietud de los ganaderos, recordó que es la Unión Europea la que considera la tuberculosis como una enfermedad de erradicación obligatoria. El porcentaje de incidencia de esta enfermedad en el rebaño en Andalucía es del 6%, lo que significa que la prevalencia ha disminuido pero el problema va a durar unos años más”, reconoció. No obstante, como representante de la Administración se comprometió a trabajar “para conseguir facilitar los movimientos y para simplificar en la medida de lo posible los requisitos, aunque hay que hacerlo de forma ordenada”. Sobre la polémica de los falsos positivos, recordó que “el número de falsos positivos es pequeño, y aunque hay una baja probabilidad de sacrificar animales sanos, sería peor un falso negativo, porque se infectaría el ganado sin saberlo y es mejor no arriesgarse”.

Por último el presidente de la Federación Andaluza de Agrupaciones de Defensa de la Sanitaria Ganadera (FADSG), Francisco Javier Fernández, tras alabar el trabajo de la Administración, que ha conseguido eliminar la viruela ovina en tiempo récord, manifestó su preocupación por la situación general del campo: “El campo no lo aguanta todo, la situación es cada vez peor y la gente está abandonando”. Por ello, pidió a la administración acabar con el exceso de burocracia que asfixia al ganadero, que se tengan en cuenta el número concreto de animales infectados en una explotación y no la explotación en su conjunto,  y que a la hora de tratar una enfermedad, se distingan los diferentes sistemas de explotación: “no es lo mismo el tipo de explotaciones de unas comunidades que las de otras, ni tampoco las de intensivo o las de extensivo; esto es importante a la hora de erradicar la enfermedad, la erradicación de la tuberculosis es muy difícil en extensivo, y hay que trabajar más y mejor, así como intentar simplificar los tiempos en los que una explotación queda paralizada”, demandó.

UN MUNDO SIN GANADERÍA NO SERÍA MEJOR

A continuación, el turno de las conferencias técnicas comenzó con la intervención del veterinario Juan Pascual, autor del libro “Razones para ser omnívoro, por tu salud y la del planeta”, quien puso de manifiesto la importancia de la ganadería, y fue desmontando, uno por uno, todos los falsos mitos que se le atribuyen y que han llegado incluso a los manuales escolares, “donde se meten ideas en contra de esta actividad”.

Como informó Pascual “hay una menoría exigua que ha conseguido dominar el relato, una clase política que cree representar a un pensamiento dominante, pero no es así, y hay incluso lugares europeos donde se imponen los menús veganos en escuelas, hospitales, y edificios públicos, pese a que la mayoría de ciudadanos no está a favor”. Por ello, “si dato no mata relato, al menos ayuda”, añadió el veterinario, por lo que pidió a los ganaderos que se formen para poder rebatir con argumentos cualquier ataque que se lance contra este sector.

Una de las acusaciones más extendidas es la cantidad de emisiones de C02 que genera la ganadería, pero, como aclaró Pascual, las emisiones procedentes de la ganadería suponen solo un 11,2% del mundo (y en Europa no llegan al 7%). “Dejar de comer carne o de beber leche no va reducir el impacto de la huella de carbono”, explicó. Además, el CO2 que emite un animal tiene un ciclo muy diferente al de los combustibles fósiles. El metano de una vaca se degrada en 10 años, mientras que las emisiones de los combustibles fósiles tardan mil años.

También aclaró que las emisiones totales del consumo de carne en España por habitante y año (estimando un consumo de 10 kg de vacuno, 15 Kg de pollo, 110 litros de leche y 40 kg de porcino), suponen un total de 701 kg de C02, cuando sólo un vuelo de Nueva York a Londres supone unas emisiones directas de 900 kg de CO2 por pasajero.

A esto hay que sumar que “el ganado no sólo da carne, también limpia el monte, da estiércol (el 50% de los fertilizantes del mundo), no genera microplásticos, apenas produce desperdicio alimentario, recicla, ayuda a evitar incendios (el campo está mejor conservado) y, al evitar enfermedades al ganado, se protege la fauna”.

Asimismo, como desmintió Juan Pascual, no es cierto que la ganadería consuma recursos necesarios para los humanos, ya que el 86% de lo que come el ganado no es digestible para nosotros (paja, piel de cítricos, pulpa de remolacha, torta de girasol…), y por tanto con ello también reciclan. Tampoco es cierto que comer carne produzca cáncer. “El riesgo está demostrado sólo con carne procesada y es muy bajo, y además, el consumo de lácteos tiene efectos protectores contra esta enfermedad”, añadió.

En este sentido, sobre la moda de las dietas veganas y lo “cool” de no comer carne, el veterinario aclaró que más de diez asociaciones médicas desaconsejan estas dietas (bajas en hierro y en otros nutrientes básicos ) y que el 84% de las personas que dejan de comer carne vuelven a hacerlo en pocos meses, mientras que el 50% de los veganos realmente no respetan su propio compromiso y consume productos animales.