En las últimas décadas, los fitosanitarios se han convertido en una de las claves para garantizar unas condiciones óptimas en la producción agraria de forma rentable en cuanto a cantidad, costes y calidad. Todo ello, tratando de generar un impacto mínimo en el medio ambiente, según los tipos de fitosanitarios.

Pueden ser tanto de síntesis química como de origen biológico, y es fundamental elegir el producto fitosanitario adecuado dependiendo del tipo de plaga que queramos evitar en el cultivo. Estos productos, siempre que se utilicen de manera responsable y prudente, son seguros para la salud y el medio ambiente.

Poreso, hay que tener en cuenta los tipos fundamentales de productos fitosanitarios y las precauciones que hay que tener en su manipulación.

TIPOS DE FITOSANITARIOS

Se pueden encontrar en el mercado en forma sólida, líquida o gaseosa. La forma sólida suele ser, principalmente, polvos o granulados y dependiendo de las instrucciones para su uso, se aplicarán en seco o disueltos en agua.

Los fitosanitarios líquidos, muchas veces llevan coadyuvantes y adherentes para mejorar su resistencia a la lluvia. Los que se presentan en gas o aerosoles, no suelen emplearse habitualmente en agricultura.

Veamos la clasificación según el agente sobre el que actúan:

  • Herbicidas: están dirigidos a eliminar las malas hierbas que crecen en las parcelas y que suponen una amenaza para el cultivo.
  • Acaricidas, insecticidas, funguicidas, bactericidas y nematicidas: combaten insectos o microorganismos que atacan los cultivos y afectan en cualquier fase de desarrollo de éstos.
  • Molusquicidas: su objetivo es luchar contra caracoles y babosas.
  • Rodenticidas: se emplean para controlar las poblaciones de ratones, ratas y todo tipo de roedores.

Además, pueden actuar de varias formas:

  • Desinfectantes: se aplican en los suelos y desinfectan de los determinados causantes de plagas.
  • Atrayentes: buscan atraer al agente a un determinado cebo.
  • Repelentes: su función es alejar de los cultivos a los organismos dañinos.

PRECAUCIONES

Dado que hay distintos tipos de productos fitosanitarios y la forma en la que actúan es diferente, su nivel de peligrosidad también varía de unos a otros. Es imprescindible leer con cautela el etiquetado, conforme con el Sistema Globalmente Armonizado.

La persona encargada de trabajar con estos productos debe protegerse con el equipo adecuado:

  • Traje protector: hay varios tipos de trajes que ofrecen diferentes niveles de protección, pero el más adecuado es el tipo 4, 5 y 6 que protege frente a salpicaduras ligeras, polvos y aerosoles líquidos de baja presión.
  • Mascarilla: las mascarillas filtran el aire que se inhala a través de un material que retiene el producto contaminante. Para saber qué tipo de mascarilla es el adecuado, basta con revisar la ficha de seguridad del producto a utilizar.
  • Protección ocular: los ojos son una parte muy expuesta a este tipo de productos, por lo que es imprescindible utilizar gafas de seguridad para proteger de salpicaduras, vapores o polvo fino. Hay varios tipos diferentes dependiendo del grado de protección que se requiera.
  • Guantes: son imprescindibles durante la mezcla y manipulación de los productos y deben estar correctamente homologados y llevar la señalización de protección tóxica. Se debe evitar el contacto del producto con la piel en todo momento.
  • Calzado adecuado: son recomendadas las botas altas de protección química, que se caracterizan por no poseer material textil en su interior, lo que evita que el producto penetre la piel.

Ya sabemos de la importancia de la prevención de riesgos laborales, pero esto se hace aún más evidente en trabajos en los que se manipulan productos tóxicos, elevando el riesgo de las tareas desempeñadas. Además, es de vital importancia conocer la plaga que afecta o puede afectar el cultivo, para así elegir a conciencia el producto fitosanitario adecuado que, además, respete el medio ambiente.

Siempre hay que respetar las dosis indicadas en el etiquetado y asegurarse de que sea un producto autorizado para evitar que las cosechas entrañen cualquier tipo de riesgo para los consumidores.

(Fotos: Archivo)