Sandra Armas Juez / Presidenta de la Asociación Ruta del Vino de Gran Canaria

Gran Canaria no solo destaca por sus paisajes impresionantes y su biodiversidad única. Su tradición vitivinícola deleita los sentidos y, al mismo tiempo, desempeña un papel crucial en la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) establecidos en la Agenda 2030 de las Naciones Unidas y en la Agenda Ecoisla Gran Canaria 2030.

Con un clima diverso y terrenos volcánicos, nuestra isla ha sabido aprovechar sus condiciones naturales para hacer posible una producción vinícola que, en la actualidad, responde a los parámetros de la sostenibilidad. Recordemos que las Islas Canarias se encuentran fuera de las zonas óptimas del cultivo del viñedo. Esto es posible porque el viticultor ha entendido la vid y el medio en el que la cultiva.

La aplicación de prácticas agrícolas respetuosas con el medio ambiente, como la agricultura ecológica y la adopción de tecnologías sostenibles, ha sido y será la piedra angular de la viticultura insular. Estas prácticas contribuyen directamente al ODS 15 (Vida de Ecosistemas Terrestres), promoviendo la conservación de la biodiversidad y la salud de los suelos. Además, la gestión eficiente del agua y la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero son metas fundamentales que la industria vinícola canaria aborda con responsabilidad, alineándose con el ODS 12 (Producción y Consumo Responsables).

Gran Canaria, enfrentándose a desafíos relacionados con el cambio climático, ha demostrado una notable capacidad de adaptación en la viticultura. La implementación de prácticas agrícolas resilientes y la búsqueda de variedades de uva adaptadas a condiciones específicas de la región son esenciales para la sostenibilidad a largo plazo. Este enfoque contribuye claramente al ODS 13 (Acción por el Clima).

La producción de vino en Gran Canaria no solo es una expresión de la calidad y diversidad del sector, sino también un motor vital para la economía local. La industria vinícola genera empleo en las comunidades rurales, apoya a los pequeños agricultores y fomenta el desarrollo económico sostenible. Este impacto económico positivo contribuye directamente al ODS 8 (Trabajo Decente y Crecimiento Económico) y al ODS 10 (Reducción de las desigualdades).

En relación con la alineación con los ODS también cabría mencionar el fomento del turismo sostenible a través de la Ruta del Vino de Gran Canaria, la única certificada a nivel nacional por ACEVIN y que ha renovado su membresía recientemente. Además, el respaldo a la diversidad de variedades autóctonas, reconocidas a nivel mundial y por expertas como Francesca Fort, y la preservación de métodos tradicionales de vinificación, fortalecen la identidad cultural y el tejido social.

Desde la Ruta del Vino de Gran Canaria y AIDER-Gran Canaria hemos trabajado en una ‘Guía de Buenas Prácticas energéticas e hídricas’ en bodegas siguiendo la estela del proyecto Gran Canaria Renovable Rural II. Los socios de la Ruta del Vino han recibido asesoramiento para el desarrollo de un plan de acciones encaminado a un mejor uso y aprovechamiento del agua, la gestión de la luz, y el uso de materiales led y de residuos (ODS 6, ODS 7, ODS 9 y ODS 13). Aún no son mayoría, pero el producto enoturístico grancanario cuenta ya con establecimientos, bodegas, agroindustria y alojamientos con usos de energías renovables.

A nivel nacional, junto a ACEVIN y el Club de Producto Rutas del Vino de España (RVE), estamos trabajando en una ‘Guía de Buenas Prácticas Sostenibles en Enoturismo’. Desde 2023 los productos oficiales que estamos bajo esta marca tenemos nuestro propio documento. Se trata de la ‘Guía práctica de Turismo Sostenible Rutas del Vino de España’, con los objetivos y las acciones compatibles en esta materia. Para este tipo de análisis y diagnóstico, la asociación y su equipo técnico de gerencia, colabora con una Consultoría sobre Turismo Sostenible, Carmen Bengoechea & CIA, con quienes se han desarrollado indicadores para la evaluación de los ODS y sus tres dimensiones.

Gran Canaria, como destino turístico de renombre, ha integrado con éxito la producción vinícola en su oferta turística, apoyando así la generación de un turismo responsable, vital para la sostenibilidad y para democratizar la riqueza de la actividad turística. Las bodegas locales, además de su tarea principal – la producción de vino -, se han convertido en escenarios donde los visitantes pueden sumergirse en la rica cultura vinícola, la mayoría de las veces de la mano de los propios elaboradores del producto. La sensibilización y el valor añadido del producto son percibidos por el visitante de forma directa y clara.

El turista comprende que comprar una botella de vino, maridado con los excelentes productos del sector primario es contribuir directamente con la familia productora (ODS 8, 10, 11,12 y 17). Esos espacios hablan de historia, de tradición, y reinterpretan el cultivo de la vid tras varios siglos de desarrollo. El enoturismo, cada vez más popular, no solo ofrece a los turistas experiencias sensoriales únicas, sino que también proporciona una oportunidad para comprender y apreciar la importancia de esta tradición.

En cuanto a los aspectos económicos, los establecimientos en su gran mayoría apuestan por trabajadores de la zona, conocedores del producto y en muchos casos vinculados directamente con la producción. Se mantiene un equilibrio de género apostando por profesionales y sus conocimientos. Hay una alta presencia de mujeres en la directiva: presidenta, secretaria y vocales representantes de sectores, por lo que su presencia es muy nutrida. Se potencia la cooperación entre las socias y los socios, la valorización del producto del sector primario y la calidad de ellos (ODS 4,5,8 10).

Gran Canaria, enfrentándose a desafíos relacionados con el cambio climático, ha demostrado una notable capacidad de adaptación en la viticultura. El Plan Vitivinícola de Gran Canaria es otra apuesta importante donde el producto enoturístico de Gran Canaria se beneficia y se nutre. Desde este plan se asesora para la implementación de prácticas agrícolas resilientes, tratamientos de suelos regenerativos y estudio del comportamiento de una veintena de variedades locales de vid que operan en la Isla, sin contar con las variedades de vid foráneas. Se trata de dar, lo antes posible, con las variedades de uva que mejor se adapten a las condiciones específicas de cada barranco, ladera y orientación, estudios que son esenciales para la sostenibilidad a largo plazo. Este enfoque contribuye claramente al ODS 13 (Acción por el Clima). Por un lado, se contribuye a ampliar el cultivo de la vid, dado que Gran Canaria es la única isla del archipiélago que presenta nueva superficie en los últimos años de este cultivo. Este rico patrimonio varietal hace que la oferta enológica de la isla sea amplia, variada, diversa y exclusiva por la producción limitada.

En resumen, el aporte de la Ruta del Vino de Gran Canaria a la Agenda Ecoisla Gran Canaria 2030 trasciende el ámbito de la enología e incluso del turismo, para convertirse en pilar de la sostenibilidad, el desarrollo económico y, si me lo permiten, hasta la autoestima colectiva y el orgullo local. Valores transversales como el trabajo en equipo, apostar por equipos humanos multidisciplinares para el desarrollo de acciones, la cooperación de diferentes sectores y una representatividad ecuánime en la directiva de la asociación, entre poderes públicos y privados, son realidades que tenemos en la Ruta del Vino de Gran Canaria. Juntos estamos abriendo los ojos ante la realidad de otra Gran Canaria y demostrando que el interior y las áreas rurales son un «maridaje perfecto» para el sol y las playas fabulosas.

Gran Canaria es más que sus símbolos naturales y sus lugares icónicos, ahora también es turismo comprometido que sirve de complemento a la actividad del sector primario y la apuesta por un visitante que contribuye a la actividad económica. El vino y las enoexperiencias que ofrece la Ruta del Vino de Gran Canaria son el eje central de un producto turístico responsable que apuesta por el paisaje que este cultivo genera en la isla. Hacer vino y embotellar paisaje no es solo un lema, marca el espíritu y las buenas prácticas por la que apuesta la Ruta del Vino de Gran Canaria.

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