La reducción de la cosecha y la subida de los precios de los cultivos han provocado que los costes de producción del aceite de oliva se dupliquen en los últimos tres años, hasta alcanzar esta campaña los 6,22 €/kg, según los datos ofrecidos este jueves por la Asociación Española de Municipios del Olivo (AEMO).

La presidenta de AEMO, Lola Amo, ha asegurado en conferencia de prensa que «los altos precios del aceite de oliva en el mercado no compensan la subida de costes y la elevación de los mismos derivada de la baja cosecha» y, por tanto, los productores «no han aumentado sus márgenes de beneficio».

Esta conclusión se deriva de la actualización hecha por AEMO sobre el estudio de los costes de producción del aceite de oliva en España, valores que databan de 2020.

Según esta actualización, el coste medio ponderado de producción de un kilogramo de aceite de oliva ha pasado de 2,42 euros el kilogramo en 2020 a 3,20 en 2023.

Estas cifras, según la presidenta de la Asociación Española de Municipios del Olivo, sería «si la producción fuera la normal en nuestro país, es decir con unas medias de 1.500.000 toneladas de aceite de oliva».

EL COSTE MEDIO PONDERADO POR KILO DE ACEITE DE OLIVA SE ELEVA DE 3,20 EUROS EL KILOGRAMO A 6,22, ES DECIR UN 94 % MÁS

Sin embargo, en la campaña pasada (22/23), y en la actual que acaba de comenzar (23/24), la producción española será la mitad de un año normal, en torno a 750.000 toneladas, y «es absolutamente determinante en los costes».

Esto es porque «los olivareros deben mantener gran parte de las labores de cultivo como son la poda, la fertilización, el mantenimiento del suelo, los tratamientos fitosanitarios, el riego en su caso y la recolección».

Al calcular los costes por hectárea y dividirlos por la producción mermada a la mitad, el coste medio ponderado por kilo de aceite de oliva se eleva de 3,20 euros a 6,22 €/kg, es decir un 94 % más.

El director de AEMO, José María Penco, ha explicado que en el estudio actualizado se toman en consideración dos variables fundamentales como son, por una parte, la subida de inputs, energía y mano de obra derivada de la alta inflación de los últimos años, y, por otro lado, otro factor determinante que «encarece aún más la producción unitaria», y que es la reducción de cosecha sufrida en la campaña actual y en la anterior.

El estudio recoge, en cuanto a la subida de costes de los recursos necesarios para producir aceite de oliva, tanto en campo como en la almazara, una subida de los costes salariales de un 9%.

También indica una subida de inputs agrarios como fertilizantes y fitosanitarios superior al 70%, y una subida de la energía (gasóleo, electricidad) cercana a un 40%.

LOS COSTES VARÍAN EN FUNCIÓN DEL TIPO DE SISTEMA DE CULTIVO

Todo ello sumado y aplicado a las distintas tareas de cultivo supone, según AEMO, que el precio unitario se eleve hasta un 32%.

Estos costes de 6,22 €/kg son, según José María Penco, medios ponderados, ya que, varían según el sistema de cultivo del olivo que va desde el tradicional de montaña hasta el cultivo en seto, además del tradicional de baja pendiente y el intensivo.

Cada uno tiene unos costes diferentes, pero todos se han elevado en mayor o menor grado y los medios ponderados recogen una subida que sobrepasa el 100% desde la campaña 2020 hasta la campaña 2023.

Estos cálculos ratifican que, a pesar de la subida del precio del aceite de oliva en origen, «los olivareros no se ven beneficiados en sus cuentas de explotación».

El director de AEMO ha puesto de manifiesto que «aunque el aceite en España se ha liquidado a una media de 5,85 euros el kilogramo en origen, los costes medios superan ese valor hasta los 6,22».

Si los costes medios ponderados de todos los sistemas se elevan a 6,22 euros el kilo, es necesario diferenciar entre los costes del olivar tradicional de montaña que superan los 10 euros, hasta los costes de olivar en seto en regadío que se encuentran entorno a los tres euros.

En cuanto al consumo, Penco ha asegurado que «los consumidores nos han dado una lección magistral al poner de manifiesto que aprecian el producto más que nosotros».

Esta afirmación la basa en que «en las primeras elevaciones del precio del aceite, la demanda disminuyó de forma intensa», sin embargo, «a medida que los incrementos han sido más altos la caída del consumo ha sido menor por la fidelización que existe al aceite de oliva».

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