Cristóbal Cantos Ruiz / Exsecretario general de Asaja Andalucía

Desde nuestra incorporación en 1986 a la entonces CEE (Comunidad Económica Europea) después CE (Comunidad Europea) y finalmente a partir de 2009 la UE (Unión Europea), los agricultores y ganaderos andaluces con enorme tesón y sacrificios se han adaptado a las nuevas reglas del libre mercado contribuyendo de una forma determinante al desarrollo económico andaluz.

Desde 1962 que se estableció la PAC (Política Agraria Común) ha sido la piedra angular para la construcción europea. Política basada en compensar la renta del sector agrario por los desequilibrios entre sí y con los demás sectores que provoca la apertura de los mercados. Política que ha ido evolucionando con profundas y constantes reformas a través del tiempo.

No hace falta ser ningún experto para apreciar la evolución del campo andaluz y la profesionalidad de sus hombres y mujeres. Su cuidada actividad se desarrolla a la vista de todo el mundo y basta observar desde cualquier carretera la profunda evolución que ha tenido el paisaje andaluz en el que se aprecia la profesionalidad y el esfuerzo con el que lo cuidan.

Han sido cinco grandes reformas las que ha sufrido la PAC a lo largo de su historia y en todas ellas con mayor o menor acierto siempre el campo andaluz ha logrado pasos de aproximación y avance hacia Europa compensando la diferencia con sus competidores del mercado.

Incluso acelerando la correcta y rápida adaptación a la estructura productiva al entorno y las circunstancias del mercado que ha sido una de las claves para que el campo andaluz haya sido un pilar fundamental en el desarrollo económico andaluz y en el prestigio internacional de su sector agroalimentario.

El campo andaluz es una realidad compleja, multidisciplinar, absolutamente diversa, en la que conviven explotaciones de grandes y pequeñas dimensiones, estructuras personales o jurídicas, individuales o colectivas, sociedades anónimas o cooperativas, agrícolas, ganaderas o mixtas. Y ese dinamismo es necesario para adaptarse continuamente a las circunstancias del mercado, porque quien no lo hace, simplemente desaparece.

Por eso, no se puede comprender las “locas” decisiones, aunque las defiendan como “bienintencionadas” que esta Administración hace con su propuesta a la nueva PAC para 2023.

Propuesta que debería responder, pero que no lo hace, a la decisión política a nivel europeo para ir limando (neutralizando) las diferencias entre las distintas regiones europeas, con el objetivo de equilibrar las diferencias de trato entre ellas. Para graduar ese proceso, sin cambios bruscos, se acordó la convergencia de las ayudas tanto a nivel interno como externo.

Es gravísimo para el campo andaluz que la aplicación de la nueva PAC en España provoque que nuestra agricultura y ganadería andaluza pierda competitividad respecto al mercado europeo, y esto es tan simple como que en vez de converger se les aplica una «radical” divergencia.

Propuesta que de no corregirse provocará un deterioro y retraso lamentable en el desarrollo agrario andaluz y será un rotundo freno a la necesaria incorporación de mujeres y jóvenes al mundo rural. Después de cuatro años de estudio desde la iniciativa europea no se ha tenido tiempo para realizar ni publicar un solo estudio de impacto de esta propuesta ni por el ministerio español ni por la consejería andaluza.

Volvemos al pasado con el agravio, por desconocimiento, de la realidad del campo andaluz.