La producción de girasol se reducirá en España este año a unas 690.000 toneladas, según las estimaciones del sector, que no ve problemas de suministro por la alta disponibilidad mundial, que está empujando a la baja los precios.

El presidente de la Asociación Española del Girasol (AEG), Juan Fernández, ha asegurado a Efeagro que el balance final de la cosecha actual, que en Andalucía ya acabó a finales de agosto y en el resto del país suele alargarse hasta noviembre, «no es bueno en general porque los rendimientos en algunas áreas de siembra apenas cubren los costes».

Según sus estimaciones, la superficie de siembra sumará en 2023 unas 760.000 hectáreas, lo que dará una producción de 690.000 toneladas de girasol, unas 100.000 toneladas menos que el año pasado.

Las previsiones realizadas este mes son menores a las de septiembre, ya que «las altas temperaturas de final de ciclo han mermado mucho la producción», según Fernández.

PRECIOS BAJOS

El presidente de la AEG ha destacado que el girasol es el cultivo de menor coste fijo por hectárea en la rotación con el cereal, pero su rentabilidad está condicionada por la «increíble volatilidad en los precios».

Esto se debe a la incertidumbre que generan factores como la guerra en Ucrania o el cambio climático, relacionado con la escasez de lluvias en España.

En general, Fernández ha señalado la bajada de los precios, como se observa en la lonja de Sevilla, donde la tonelada de girasol alto oleico estaba en julio en 445 euros y la de girasol convencional en 435 euros, mientras que ahora ambas toneladas se venden 35 euros más baratas.

«La mayor disponibilidad de girasol y colza a nivel mundial, junto a la desaceleración económica, hace que no haya peligro de suministro», ha afirmado el responsable, que no espera grandes cambios en la situación geopolítica a medio plazo.

Sí ha considerado que pueden influir otros factores como la mayor necesidad de extracción de girasol por parte de las multinacionales, la evolución de la guerra en Ucrania y el precio del petróleo, actualmente al alza.

Fernández ha recordado que la cotización del aceite de girasol está sometida a los precios internacionales, a diferencia de la del aceite de oliva, que España establece dependiendo de su oferta por ser el mayor productor mundial.

A nivel global, el de girasol es el cuarto aceite más consumido, con una participación del 9 % de la producción mundial, por detrás de los de palma, soja y colza.

SATISFACER EL CONSUMO INTERNO

En España, los datos acumulados de la patronal de la industria oleícola Anierac entre octubre de 2022 y agosto de 2023, que coinciden con la campaña del aceite de oliva, muestran unas ventas de aceite de girasol de 237 millones de litros, un 7,7 % menos que en el mismo periodo de la campaña anterior.

Las salidas al mercado del aceite de oliva sumaron 244 millones de litros (-14 %) y las de aceite de mezcla de semillas, con apenas 80 millones, se dispararon el 50 % por ser más barato.

Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), el aceite de oliva se ha encarecido el 38,7 % en el último año, frente al abaratamiento en un 27,6 % de los otros aceites comestibles.

Fernández ha afirmado que el precio del aceite de girasol ha caído a niveles inferiores al inicio de la guerra de Ucrania y sostiene que «hay mercado» para este aceite y el de oliva, que no compiten entre sí por tener características diferentes.

Ha reclamado la vuelta de la subvención al girasol para mantener la rentabilidad del cultivo y depender menos de las importaciones y de las sacudidas internacionales ante el aumento de la demanda del consumo tanto en España como en todo el mundo.

Frente a la competencia de otros aceites de menor calidad, el presidente de la AEG ha pedido mayor exigencias para establecer claramente el origen y la composición de los aceites en la etiqueta.

(Texto: Belén Delgado / Efeagro)