La sequía está provocando estragos en el campo, pero también tiene otra cara cuanto menos curiosa. Hacía décadas que los vecinos de Peraleda de la Mata (Cáceres) no veían al completo el dolmen de Guadalperal. El monumento megalítico data de entre el III milenio y el II milenio a.C., según los datos del Ayuntamiento, pero en 1963 la creación del pantano de Valdecañas provocó que las 140 piedras que estaban en pie quedaran sumergidas bajo el agua. Este año la sequía y una serie de desembalses a Portugal han provocado que la zona haya quedado completamente seca. Y los vecinos, ante la posibilidad de que el monumento funerario siga deteriorándose bajo el agua, piden que sea trasladado.

«La piedra aún está bien, pero el granito está más poroso, hay grietas… Pero lo más importante es que había un menhir esculpido con una serpiente, y se nota ya muy erosionado, no aguanta más tiempo sumergido», según Ángel Castaño, presidente de Raíces de Peraleda, una asociación cultural del municipio que está luchando para que el dolmen no se pierda bajo el agua, que recoge recoge Isabel Miranda en abc.es .

La Junta de Extremadura se ha puesto en contacto con la asociación, mientras los vecinos han aprovechado para visitar el monumento megalítico, formado por una cámara en óvalo de 5 metros de diámetro y un pasillo de acceso que tenía 21 metros de largo. Al final de este corredor es donde se encuentra el menhir.

«Se trata de un dolmen megalítico de gran valor que ahora, por primera vez, y quién sabe si última vez, es accesible por completo y nuestra asociación quiere lanzar la voz de alarma a las autoridades competentes para que aprovechando la ocasión, lo rescaten de las aguas, pues aún está bien conservado pero ya muestra signos muy claros de deterioro y puede que la próxima vez que las condiciones permitieran un rescate fuese ya demasiado tarde», dice Castaño.

El dolmen de Guadalperal fue descubierto en 1925 por el sacerdote alemán Hugo Obermaier, que también era arqueólogo, y que pasó una etapa invitado a la finca de Guadalperal del Duque de Peñaranda. En los terrenos que entonces formaban parte de la finca se encontraban los restos.

«Todo el mundo en la zona sabía que había unas piedras ahí, pero no que valieran algo», cuenta Castaño. Obermaier lo tuvo claro al verlas e inició unas excavaciones que duraron hasta 1927. «Todo lo que encontró, se lo llevó a Alemania. Están en un museo de Munich», cuenta el presidente de la asociación cultural. «A este paso tendremos que lamentar que no se llevaran las piedras también, al menos se habrían conservado».

(Fotos: Raíces de Peraleda)