Andalucía produce más del 30% de la flor cortada del país, un sector que se marchitó con una crisis sanitaria que canceló bodas, fiestas patronales o la Semana Santa, pero que para la tradición de Todos los Santos ha firmado datos incluso mejores que en los años previos a la pandemia.

Claveles, rosas, margaritas o crisantemos protagonizan un sector que florece después de año y medio de crisis sanitaria en la que parte de los productores andaluces tuvo que tirar literalmente su «cosecha» de flores.

La tradición que estos días llena los cementerios de flores abona la recuperación de un sector que llegó a dedicar 1.500 hectáreas a este tipo de cultivos en Andalucía y que sigue representando el 30 % de la flor cortada del país.

“ESTE AÑO HEMOS VENDIDO CERCA DE UN 20% MÁS, CON CIFRAS SIMILARES E INCLUSO MEJORES QUE EN AÑOS PREVIOS A LA PANDEMIA»

Después de una fiesta de Todos los Santos que en el 2020 estuvo marcada por la incertidumbre y las restricciones provocadas por un empeoramiento del coronavirus, la nueva normalidad de este año ha abonado un sector que ya ha vendido a mayoristas una campaña «buena».

«Este año hemos tenido mejores precios, influenciados por Holanda, y hemos vendido cerca de un 20% más, con cifras similares e incluso mejores que en años previos a la pandemia», ha explicado a Efe José Luis García Pineda, representante del sector de flor cortada en Asociaflor, la Asociación Andaluza de Viveristas y Floricultores.

García Pineda es además gerente de Flores de Lebrija, firma sevillana que como el resto del sector cerró la semana pasada el grueso de ventas para este puente y dejó en manos de los mayoristas el reparto de los claveles, margaritas o crisantemos que miles de familias llevan de las floristerías a los camposantos.

Aunque comprar un arreglo de flores estos días conlleve un desembolso generoso, es una vez la suma de muchos escalones, una cifra alejada de los cuarenta céntimos por margarita que reciben los floricultores.

«Estamos viviendo un buen momento pero para los que hemos quedado, porque somos empresas pequeñas y muchas o han cambiado las flores por otros cultivos, o no han resistido», ha añadido este empresario que reparte sus flores por todo el país.

Cádiz y Sevilla concentran la producción andaluza, la mayoría explotaciones pequeñas o medianas y de carácter familiar, que dedican casi la totalidad de las flores al mercado nacional.

EL SECTOR ESPERA RECUPERAR LAS CUENTAS CON EL REGRESO A UNA CIERTA NORMALIDAD Y LA VUELTA DE LAS BODAS, CELEBRACIONES Y  LA SEMANA SANTA

Aunque con la nueva normalidad el sector ha vuelto a florecer, el encarecimiento de productos, como la factura de la luz que se ha duplicado, o el mayor coste del plástico de los invernaderos, amenaza de nuevo a los floricultores.

La otra cara de la moneda, la que encarece también los productos que vienen de puntos como Ecuador, ha permitido firmar buenos registros en esta festividad de los Santos que representa alrededor del 35% de la facturación anual del sector.

Según los datos de Asociaflor, la pandemia generó solo en Andalucía pérdidas valoradas en más de 270 millones de euros, 50 correspondieron al sector de la flor cortada y el resto en la planta ornamental del sector.

«La pandemia ha cambiado en parte el mercado, con clientes que ahora son más fieles y que hacen sus pedidos con más anticipación porque el número de productores ha bajado», ha añadido el gerente de Flores de Lebrija.

Tras meses de crisis con una pandemia que agostó al sector, los floricultores esperan que las bodas aplazadas que empiezan ya a celebrarse, las fiestas y la venidera Semana Santa verdeen las cuentas de unos floricultores que con los Santos han tenido su primer resurgir.

(Texto: María Ruiz / Efeagro)