La escasez de agua ha reducido de forma drástica el número de hectáreas destinadas al arroz en la región (que pasará de 21.000 a 6.000 hectáreas)  y, por ende, la producción prevista para esta campaña, por lo que hay «preocupación» ante el hecho de que Extremadura pueda perder peso entre los productores de este cultivo. Igualmente, el cultivo del maíz puede bajar un 45%.

El máximo responsable de La Unión Extremadura, Luis Cortés, ha explicado que este año se pasará de las 21.000 hectáreas habituales a unas 6.000 hectáreas, debido a las carencias de agua en las zonas regables de Orellana, donde este año no se producirá este cultivo.

Ante estas circunstancias las previsiones apuntan a un descenso de la producción este año en torno a un 20 por ciento en relación a las cifras medias, con lo que se alcanzarían este 2022 unos 40 millones de kilos.

La repercusión de esta circunstancia será “elevada” en pueblos como Palazuelo o Alcollarín, donde el cultivo del arroz es fundamental y cuya carencia no puede ni tan siquiera suplirse con otras alternativas como el girasol debido a la carencia de agua.

Cortés, quien ha recordado que Andalucía sufre esta misma circunstancia (de las 40.000 hectáreas habituales podrían sembrarse 4.000), ha afirmado además que “esta reducción tan elevada en un producto clave en la alimentación provocará además un aumento importante del precio para el consumidor, todo ello sin contar las posibilidades de desabastecimiento en los supermercados”.

El máximo responsable de La Unión Extremadura ha reconocido los efectos futuros que puede tener esta circunstancia en la región pues «solo hay que ver hoy como están los pantanos».

El presidente de Asaja Extremadura, Angel García Blanco, ha afirmado por su parte que esta problemática también afecta a sectores complementarios, como por ejemplo las fábricas de arroz.

Una circunstancia que acontece de la misma forma, como ha explicado, en el caso del maíz, cuyo número de hectáreas también se ha visto reducido de forma drástica en la región como consecuencia fundamentalmente de las restricciones en el canal de Orellana, pues la menor producción afectará también a la actividad de los secaderos.

En este caso se espera una reducción del 45 por ciento en cuanto al número de hectáreas destinadas al maíz en la comunidad, la cual habitualmente alcanzaba las 42.700 hectáreas.