Tras varias intensas semanas de negociación y de incertidumbre, este viernes 15, el Pleno del Consejo Regulador de la DOCa Rioja ha llegado a un acuerdo para cerrar un recorte de su producción, de cara a la próxima campaña de vendimia, el rendimiento de producción tipo marcado por el pliego de condiciones al 95% para las uvas tintas (6.175 kg/ha), mientras que para las uvas blancas se mantiene al 100% (9.00 kg/ha).

Dicho acuerdo, que no pudo materializarse en la anterior reunión del pleno celebrada el viernes pasado, ha podido finalmente llegar a buen puerto gracias al respaldo de este por parte del sector cooperativo riojano.

Abel Torres, portavoz de FECOAR, explica que “inicialmente la posición fijada por la inmensa mayoría de nuestras cooperativas era la de no rebajar el rendimiento de producción ya que entendemos que una reducción del 5% de la producción no va a contribuir de forma eficiente a reequilibrar la situación actual de exceso de stocks y de bajos precios en nuestra denominación. Creemos que tenemos que concentrar nuestro esfuerzo en garantizar de forma eficiente la calidad de nuestros productos, en la idoneidad de estos de cara a lo que pide el consumidor y pegar un empujón fuerte en ventas. Sin embargo, ante el planteamiento mayoritario de la mesa del Pleno, hemos preferido ceder una vez más las cooperativas debido a la enorme presión que ha existido en la negociación.” Añade: “También quiero señalar que no es coherente que no hayamos conseguido hoy un compromiso de no plantar al menos durante 3 años, cuando si que se nos viene pidiendo al sector productor un esfuerzo de recortes en producción en este último trienio”.

Desde la FECOAR, advierten que la situación actual empieza a ser crítica para una gran parte del sector productor con unos costes de producción desorbitados y sin embargo con unos precios de uva y de vino a granel que no se corresponden con esa realidad.

Según comenta Torres, «la situación es cada vez más insostenible para nuestros socios y estamos ante una crisis en la que el último peldaño de la cadena alimentaria tiene que asumir la mayor parte de las perdidas de todos los eslabones anteriores.” Y concluye diciendo que “aunque no estamos nada convencidos de su eficacia, asumiremos un recorte en la producción, pero pedimos a la otra parte de la mesa que sea sensible con la parte productora, abogando por precios dignos que permitan no solo su supervivencia sino una garantía de rentabilidad”.