Cómo me gusta que cuiden por mi salud… aunque siempre la deba pagar yo. El famoso impuesto  a las bebidas azucaradas que ya ha implantado Cataluña (y que no tardará en aplicarse en España, y si no al tiempo) es otro claro ejemplo de cómo los políticos saben gobernar… el bolsillo de los contribuyentes, porque cada medida que toman no repercute directamente en la salud de los ciudadanos, sino en su bolsillo. Y solo cuando éste está vacío  se supone que se gana en salud.

Ya pasó con el tabaco. Era (y es) la lacra de la sociedad… porque era la partida que más dinero se gastaban los Estados en Sanidad. Se impusieron nuevos impuestos, se marcaron las cajetillas con imágenes de cánceres y muertos (¿se obligará ahora a los refrescos a poner estas mismas imágenes para concienciar a la sociedad del peligro de beber muchas Coca-Cola y similares?) y se recaudaron miles de nuevos millones de euros. ¿El consumo de tabaco ha bajado? Sí. ¿Significativamente? No. Pero el dinero recaudado sirve para tapar los agujeros que se crean en otras áreas (porque la Sanidad en este país no ha mejorado precisamente, sino más bien al contrario) y se deja un ‘margen de mejora’ para volver a subir los impuestos al tabaco.

Ahora lo toca el turno a las bebidas azucaradas, un término que va mucho más allá de la popular Coca-Cola, ya que incluye a bebidas de néctar y zumos de frutas, bebidas deportivas, los refrescos de té y café, las energéticas, leches endulzadas, batidos o aguas con sabores. Y se espera que a corto plazo incida en la comida basura y la bollería industrial. Todo por nuestra salud, aunque lo primero que han hecho nuestros políticos es calcular cuanto van a recaudar (31 millones por año sólo en Cataluña).

Que el abuso de estos productos son malos para la salud; sí. Que se debería educar a las nuevas y viejas generaciones en una alimentación más saludable; también. Que todas las medidas que tomen nuestros políticos para mejorar nuestros bienestar la debamos pagar nosotros; no lo tengo más claro. Me da la sensación de que, a este paso, es menos saludable para nosotros (y en especial para nuestra economía) vivir con estos políticos que vivir en un McDonalds.