Hay que reconocer que los ganaderos franceses, al igual que sus agricultores, cuando se enfadan lo hacen a lo grande. Sus protestas por la crisis de precios que padecen no son precisamente pacíficas y logran poner en jaque a su Gobierno un día sí y otro también.

Y aunque nunca defenderé la violencia (y en esto los galos son unos expertos, sobre todo si por medio hay algo español), sí deben ser un ejemplo de cómo conseguir objetivos o, por lo menos, intentarlo de verdad.

Mientras en España se hacen marchas pacíficas o se rodean empresas de distribución con tractores, estos ganaderos franceses logran paralizar un país en defensa de sus derechos. Y eso se debe reconocer.

Otra cosa es que, en el fondo, sean unos cínicos y sólo busquen su propio resultado. Y el más claro ejemplo es que mientras rodean a Lactalis por los precios que reciben por su leche o derraman miles de litros de vino español porque, dicen, luego se vende por francés, luego miran hacia otro lado cuando la leche francesa se vende en España como ‘española’.

Ellos no quieren justicia. Sólo quieren ‘su’ justicia. Si hay que cambiar la PAC, se cambia, pero para favorecerles. Si hay que poner el origen de la leche, se pone… pero sólo en Francia.

Los ganaderos franceses saben cómo protestar, lo malo es que se les ha olvidado la esencia del ideario que creó la actual Francia y la adaptan a sus intereses. Por eso ahora parecen defender la liberté, égalité y a la merde la fraternité con los ganaderos o viticultores españoles.