Francia ha puesto en marcha un plan de acciones frente a la sequía que ya ha impuesto restricciones de agua en 72 de los 101 departamentos del país para mantener con las menores alteraciones posibles la actividad del sector agropecuario y de las centrales nucleares.

El ministro de Agricultura, Marc Fesneau, acompañado por la secretaria de Estado de Ecología, Bérangère Couillard, realizó este sábado una visita al departamento de Charente, en el oeste, para reunirse con responsables de los sindicatos agrícolas o de entidades profesionales para escucharlos enviar algunos mensajes y manifestarles su apoyo.

«La verdad es que no conozco ningún territorio en el que la agricultura pueda mantenerse sin agua», subrayó Fesneau, que en declaraciones a la prensa insistió en que «la cuestión es la gestión razonable de los recursos».

EL MINISTRO CALIFICÓ LA SITUACIÓN ACTUAL DE «MUY PREOCUPANTE PARA TODO NUESTRO MUNDO AGRÍCOLA»

El ministro recordó que los dispositivos de regadío y de extracción de agua para el sector son necesarios para la ganadería, para la horticultura, para los árboles frutales e incluso en ocasiones para la viña y para los cultivos de cereales.

Señaló que ya se han hecho un cierto número de obras y se han llevado a cabo discusiones. «Ahora -añadió- hay que pasar a las soluciones concretas. Estamos en un año particularmente severo en términos de sequía».

El Gobierno ha presentado un plan de acciones y de anticipación mantener con las menores alteraciones posibles su actividad que se concreta en cinco ejes, empezando por la preservación al máximo de los recursos para los usos prioritarios mediante la imposición de restricciones para el resto, explicó el departamento de Agricultura en un comunicado.

Los otros son prever las necesidades para la alimentación animal, tomar medidas para la prevención de incendios en los cultivos, planes estructurales para que el sector agrícola sea más resistente a las consecuencias del cambio climático y estructurar un seguimiento específico por la sequía.

El ministro calificó la situación actual de «muy preocupante para todo nuestro mundo agrícola» e hizo hincapié en que su adaptación a los efectos del cambio climático es «uno de los grandes desafíos de nuestro siglo» y con él está en juego el mantenimiento de la producción y «nuestra soberanía alimentaria».