En los últimos años, la globalización del mercado de bienes y el cambio climático han causado la proliferación de un insecto que plantea una amenaza muy grave para los cultivos; la chinche asiática (Halyomorpha halys). También conocido popularmente como el chinche apestoso marrón’, es un insecto de origen asiático que fue detectado por primera vez en España en 2016 aunque ya había sido detectado en otros países de Europa desde 2004.

Durante el otoño, estos insectos se refugian en las casas para pasar el invierno, en ocasiones formando grandes colonias de individuos y causando molestias a los vecinos hasta la llegada de la primavera, momento en el que salen de la hibernación. Aunque la chinche asiática no ataca ni a las personas ni a los animales, durante la invasión de este insecto en EEUU se observaron indicios de una reacción alérgica para determinadas personas que se manifestaba en una conjunción de rinitis y conjuntivitis a través del contacto directo con los insectos, vivos o muertos, cuando intentaban deshacerse de ellos. El término “apestoso” viene por la particularidad de que los adultos liberan compuestos de defensa química de desagradable olor cuando se sienten amenazados.

En 2019, se estima que los daños han costado 250 millones de euros hasta la fecha solo en Italia

En la mayoría de los países europeos donde se ha informado de su presencia, la chinche asiática ha sido considerado como una plaga doméstica con daños ocasionales en frutales de jardines urbanos. En España se distribuye, de momento, solo en Cataluña y se encuentra todavía en las primeras fases de invasión. Sin embargo, la administración catalana ya está en alerta y ha desarrollado diferentes iniciativas para tenerlo bajo control. Una de ellas ha sido la puesta en marcha de un proyecto en el que se pide la colaboración ciudadana para informar de su presencia y poder así destruir sus poblaciones.

Con la primavera, los insectos salen de la fase de hibernación y comienzan a aparearse. Se trata de una especie muy polífaga, capaz de alimentarse de más de 120 especies succionando sus jugos a través de un estilete bucal en forma de un largo tubo. Si no se detiene su crecimiento, sus poblaciones llegan a zonas agrícolas con devastadoras consecuencias.

Debido a su gran flexibilidad alimenticia, en pocos años pasa de ser una plaga urbana a convertirse en una plaga agrícola importante. En EEUU tardó 14 años en convertirse en la plaga más importante en la historia reciente. Se calculan pérdidas de 37 millones de dólares en el cultivo de fruta en la Región del Atlántico Medio.

En Europa, Italia ha sido el primer país que ha sufrido las consecuencias de su agresividad. En menos de 10 años desde su entrada, el chinche asiático ha asestado un golpe letal a la fruticultura italiana. Los cultivos dañados han sido manzano, peral, kiwi, melocotón, albaricoque, cereza, nuez e incluso maíz y soja con pérdidas hasta el 100% de las cosechas. Las pérdidas afectan a toda la industria de la fruta ya que la industria procesadora no puede utilizar las frutas dañadas. En 2019, se estima que los daños han costado 250 millones de euros hasta la fecha.

Según las distintas asociaciones de agricultores, la proliferación de la chinche asiática es una amenaza para la supervivencia del sector de la fruta en el norte de Italia, particularmente en las regiones de Veneto, Emilia-Romagna y Friuli Venezia -Giulia. Italia ha solicitado a las instituciones de la UE que tomen medidas urgentes para proteger la industria agrícola italiana.

Al ser una especie introducida, no tiene enemigos naturales que puedan controlar su desarrollo y, por lo tanto, los agricultores deberán llevar a cabo tratamientos con productos fitosanitarios. En las áreas afectadas, el control actual de sus poblaciones depende en gran medida de los insecticidas. Según la experiencia de control en los EEUU, los organofosforados, piretroides y neonicotinoides son las sustancias más eficientes. Da la casualidad, que las autorizaciones de estos productos están cuestionadas en Europa.

La actual política de regulación de productos fitosanitarios pone en peligro la agricultura europea

¿Qué herramientas tenemos para controlar las plagas? Cada vez menos. Ante esta situación, la plataforma de gestión agrícola Nerthus defiende que la política europea es cada vez más restrictiva con el uso de productos fitosanitarios y pone a los agricultores europeos en una situación de creciente impotencia contra las plagas.

Tanto la reciente decisión de restricción de uso de los neonicotinoides como la posible prohibición de los últimos organofosforados del mercado como el metil clorpirifos, ponen de manifiesto que los Estados Miembros de la UE están efectuando restricciones no justificadas. La tendencia actual es la toma de decisiones abusando del principio de precaución, es decir, la adopción de medidas protectoras ante la sospecha de riesgo grave para la salud o el medio ambiente sin que se cuente todavía con la prueba científica definitiva, asegura la plataforma de gestión agrícola.

Nerthus defiende que Bruselas parece haber caído bajo el hechizo de las corrientes de opinión que propagan los temores basados más en creencias que en fundamentos científicos. Como resultado de esa presión, las decisiones se toman en base al riesgo potencial de ciertos productos, ignorando las ventajas reales del uso regulado y controlado por los agricultores profesionales y sin una previa evaluación exhaustiva del impacto.

La reglamentación preveía favorecer el desarrollo de soluciones alternativas a los fitosanitarios pero esas soluciones no llegan. Sin alternativas y con una política restrictiva, los agricultores europeos se enfrentan a graves consecuencias, según Nerthus. La primera es una pérdida de rentabilidad y la segunda un mayor riesgo de resistencias a los insecticidas debido a la reducción del número de productos.

La presión ejercida a la Comisión Europea por parte de organizaciones no gubernamentales con el propósito de prohibir los productos fitosanitarios se basa en un temor social injustificado, defiende Nerthus. A pesar de las inquietudes que se empeñan en infundir a los consumidores, la realidad es que en Europa se producen hoy en día no solo los alimentos más seguros de toda la historia de la humanidad, sino que también los más seguros del mundo.

Para seguir produciendo esos alimentos saludables y poder competir con el resto de los países productores, la agricultura mediterránea tendrá que seguir utilizando los productos fitosanitarios. Si deja de utilizarlos, la agricultura europea dejará de ser competitiva y tendremos que importar alimentos de países cuya legislación sí los permite. Solo a partir de ese momento pondremos en riesgo la seguridad alimentaria europea, sentencia la empresa.

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