Promover el cultivo ecológico, reducir el uso de agua y minimizar su huella de carbono son algunos de los retos que afronta el sector del vino en España, un país que puede considerarse como «el gran viñedo ecológico del mundo» según la definición aportada a Efeagro por Carlos Vázquez Padín.

Vázquez Padín, ex alcalde de Tuy (Pontevedra), es el fundador y director ejecutivo de bodegas.bio, un portal de ventas accesible a través de Internet lanzado en 2020, que ofrece vinos ecológicos, biodinámicos y naturales elaborados por pequeños productores que se encargan de enviar directamente su producto a los consumidores.

Paradójicamente, «somos el primer productor de vino ecológico, somos el gran viñedo ecológico del mundo.., pero no el mayor consumidor”, como sucede con otro tipo de productos de agricultura ecológica, ya que «España es un país cervecero, a diferencia de otros mediterráneos como Francia o Italia, que consumen casi la mitad del vino que producen».

Según datos facilitados por la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV) durante 2018 las bodegas españolas produjeron un total de 4.440 millones de litros de vino, de los que sólo 1.263 millones de litros fueron consumidos a nivel nacional.

Con estas cifras, Vázquez cree que el sector vitivinícola se enfrenta a «muchos retos de futuro» comenzando por su viabilidad y su sostenibilidad, a los cuales ha decidido sumarse a través de esta iniciativa en la que cuenta con 60 bodegas ecológicas para crear «un vínculo de comercialización con los consumidores» que genere «un triple impacto: económico, ambiental y social.

NO UTILIZAN PESTICIDAS Y AL CULTIVO NATURAL SUMAN EL USO DE CORCHO PARA SUS TAPONES Y MUCHAS DE ELLAS TRABAJAN CON PLACAS SOLARES

Una de las ventajas de la agricultura ecológica respecto a la tradicional es que resulta “infinitamente más amigable con el medioambiente y eso se observa por ejemplo en la biodiversidad que hay en los propios viñedos, con suelos llenos de vida”.

Todas las bodegas que participan en el proyecto de Vázquez para consolidar ese gran viñedo ecológico del mundo vienen del sector ecológico y «poseen una gran sensibilidad medioambiental”, ya que no utilizan pesticidas y al cultivo natural suman el uso de corcho para sus tapones y, además, muchas de ellas trabajan con placas solares.

Al evitar los intermediarios y distribuidores, también «estamos minimizando el impacto ambiental del transporte», recuerda Vázquez, aunque según estudios elaborados por la empresa emergente Reforestum de reforestación colaborativa, cada envío de vino genera una media de 22 kilos de dióxido de carbono.

Por ello, ha puesto en marcha una colaboración con Bodegas.bio instalando una calculadora virtual en el portal, de forma que cada usuario pueda conocer la huella de carbono exacta que dejará su envío según el peso del pedido y la distancia que tenga que recorrer: una vez obtenido el resultado, el consumidor puede decidir compensarla apoyando la plantación de árboles en Calahorra de Boedo, un pueblo de Palencia.

Otra iniciativa de vino ecológico es la que mantiene la Fundación CIRCE, cuyo director de proyectos, David Zambrana, ha señalado a Efeagro la importancia de «evaluar la producción ecológica desde un enfoque de ciclo de vida”, base de la certificación Eco-Prowine puesta en marcha por esta entidad.

Este sello, que nació en 2012 con apoyo financiero de la Comisión Europea, permite a los consumidores “identificar y adquirir confianza en aquellas bodegas que se encuentran dentro de un programa de mejora continua de su sostenibilidad, a través de diferentes prácticas sostenibles” en su cadena de trabajo «sin reducir la calidad del producto final».

Las bodegas participantes están obligadas a una validación periódica bianual en la que debe quedar plasmada una mejora de al menos un 10 % respecto al anterior Indicador Global Ambiental, para poder revalidar su certificación.

La mejora debe ser alcanzada en tres de los seis indicadores principales planteados por el sello: huella hídrica, huella energética, huella económica, aire, agua y suelo.