La actividad ganadera en general y el sector lácteo en particular tienen mucho que decir en aspectos tan esenciales como la fijación de población en el medio rural, la lucha contra los incendios forestales o la preservación de la biodiversidad. Analistas y expertos constatan que todas las actividades económicas generan impactos negativos, pero matizan que los problemas deben ser analizados en su amplitud, teniendo en cuenta también los beneficios que aportan al medio ambiente y a los consumidores.

Así, por ejemplo, el potencial que tiene la ganadería ligada a la tierra para capturar carbono y ‘restar’ emisiones es enorme. Un buen manejo del suelo, con cargas ganaderas adecuadas y una fertilización orgánica optimizada permite mejorar la estructura del suelo, aumentar su contenido en materia orgánica y capturar carbono en suelos previamente degradados, remarcan desde el Comité de Sostenibilidad Láctea, órgano de expertos que asesora la campaña “Cuenta con los productos lácteos europeos”, impulsada por InLac con apoyo de la Unión Europea.

El purín tiene, además, un papel relevante en la economía circular de las ganaderías y de la agricultura en general, al utilizarse como fertilizantes o para la generación de biometano. De esta forma, se valorizan los residuos para obtener energía de fuentes renovables y enmiendas orgánicas que vuelven a alimentar las tierras de cultivo de forma natural. La ganadería puede contribuir notablemente, además, a la generación de recursos energéticos en beneficio de toda la sociedad -la invasión de Ucrania ha mostrado cuán dependientes somos del exterior- a través de su aprovechamiento, como el biogás.

A juicio de estos analistas, sin ganaderos que cuiden el paisaje y el territorio, e industrias que generen empleo y actividad en estas zonas, amplias áreas de Europa se enfrentan a la despoblación rural y al abandono de praderas y montes, con el consiguiente riesgo de incendios forestales.

“Debemos poner en valor el impacto positivo, tanto económico, como social y medioambiental, que la actividad tiene en nuestro entorno», ha apuntado el presidente de InLac, Ignacio Elola.

“IRÍA MÁS LEJOS AÚN: SIN GANADEROS, NO HABRÁ SOSTENIBILIDAD EN EUROPA»

“El sector ha mejorado mucho, tanto en términos de eficiencia, como en concienciación de los propios productores. Pero tenemos el reto de mejorar aún más, producir de forma más eficiente y con menos contaminación, en todas las actividades económicas, y es ahí donde tenemos que seguir avanzando en el futuro”, ha apuntado el doctor ingeniero agrónomo y director del ICTA Instituto de Ciencia y Tecnología Animal de la Universidad Politécnica de Valencia, Salvador Calvet.

Para Thomas Sánchez, asesor político principal del COPA-COGECA, los rumiantes tienen una ventaja, por un lado, en cuanto a la biodiversidad, dado el vínculo que la ganadería tiene con el territorio y con los ecosistemas, y, en segundo lugar, en cuanto a las emisiones, por el potencial que las praderas y pastos tienen para la absorción y la captura de carbono. “Para gestionar todo eso, necesitamos a los ganaderos. Iría más lejos aún: sin ganaderos, no habrá sostenibilidad en Europa», agrega Sánchez.

“La agricultura y ganadería de la Unión Europea se encuentran entre las más eficientes y avanzadas del mundo en cuanto al compromiso con el Medio Ambiente que han asumido sus productores y cooperativas en materia de clima y medio ambiente. Es importante encontrar la manera de progresar hacia los grandes objetivos ambientales, en equilibrio con la sostenibilidad económica y social”, ha subrayado.

España es una potencia europea por la dimensión y eficiencia de su estructura, con más de 20.600 ganaderos dedicados a la producción de la leche, aunque tiene en la búsqueda de rentabilidad y la obtención de valor uno de los grandes retos, junto a la sostenibilidad ambiental, el relevo generacional o la adaptación a la era digital. De estas cifras, 12.500 profesionales lo hacen en la producción láctea procedente de la vaca (61 %), 4.800 de cabra (23 %) y 3.300 de oveja (16 %); hay más de 1.500 centros autorizados para su recogida y transformación, que generan más de 30.000 empleos, el 8,5 % del total del conjunto del sector agroalimentario, y un volumen de negocio de más de 9.500 millones de euros.

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