La declaración de la situación excepcional por sequía extraordinaria realizada recientemente por la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG) supondrá «un varapalo económico» para el cultivo del ajo «increíble», según el presidente nacional de la Sectorial del ajo de Asaja, Miguel del Pino. El representante empresarial señaló a Efe que el sector, que facilita entre 400.000 y 500.000 jornales al año en la Campiña de Córdoba, donde se centraliza la manipulación de la mayor parte de la producción de Andalucía, se encuentra «tremendamente preocupado con la posibilidad de no poder regar el ajo».

Este cultivo precisa poca agua pero en unos momentos muy concretos de su crecimiento.

«Una hectárea de ajo vale al final entre los trece y los quince mil euros, según el tipo de semilla, y si no se puede regar, si no cogemos kilos, es un varapalo económico para la zona increíble», ha explicado el representante agrícola.

Esos perjuicios, ha añadido, es «máxime porque aquí los pequeños agricultores de ajo de una, dos hectáreas o tres hectáreas prácticamente no existen. Quizás la plantación más pequeña es de veinte hectáreas y hay agricultores que siembran doscientas, trescientas y hasta seiscientas hectáreas”.

La Encuesta sobre Superficies y Rendimientos Cultivos (ESYRCE) del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación referida a 2020 asigna a Andalucía 4.016 hectáreas en regadío, de un total de 4.620 en cultivo, lo que supone el 16,37 por ciento sobre el total nacional de 28.214 hectáreas sembradas.

La zona de Montalbán, Santaella y Cabra absorbe gran parte la producción que se siembra en Sevilla, Granada, Málaga y Jaén porque son agricultores cordobeses que «han ido a sembrar allí y esos ajos vienen a los almacenes de Córdoba y ahí es donde se da la mano de obra”, lo que provoca la concentración de las peonadas en esta zona.

«HAY ALGUNOS AGRICULTORES QUE AÚN TENIENDO AGUA PARA LA SIEMBRA, ANTE EL MIEDO DE LO QUE ESTÁ PASANDO, SE HAN IDO A CASTILLA-LA MANCHA”

Según los datos de la ESYRCE, por encima de Andalucía sólo se encuentra en producción de ajos Castilla-La Mancha, con 9.952 hectáreas, el 35,27 por ciento del total nacional, y con más de mil hectáreas están únicamente dos comunidades, Castilla y León, con 1.439 y el 5,1 por ciento, y la Comunidad de Madrid, con 1.219 y el 4,32.

Miguel del Pino explicó que «la mayoría de los ajos ya están sembrados y ha habido agua para que nazcan y están perfectos, el problema es que no se puedan regar, necesita muy poca agua pero en su momento, ese es el miedo que tenemos”.

Ante esa previsión, «hay algunos agricultores que aún teniendo agua para la siembra, ante el miedo de lo que está pasando, se han ido a Castilla-La Mancha, donde no hay posibilidad de que le corten el agua porque es agua de pozo».

El desvío de mano de obra que no ha sido mayor, según concreta, porque la oferta de tierras en aquella comunidad no ha sido tan amplia como la demanda.

En Andalucía, asegura el dirigente de Asaja, «se siembre el ajo temprano, que es sobre el 80 por ciento, y el 20 por ciento es el ajo rosado, del que hay mucho sembrado pero que aguanta la siembra hasta diciembre».

ESTÁ EN JUEGO LA SUPEVIVENCIA DE MUCHAS ZONAS RURALES Y DE ENTRE 400.000 Y 500.000 JORNALES

Aunque concreta que «hay agricultores que no han sembrado ese ajo y que al ver la decisión de la Confederación, están esperando a ver si llueve o no llueve, si los pantanos se llenan y si no, no pueden sembrar, porque sería una locura sabiendo que no puedes regar sembrar en seco”.

«De todas formas, (pese a la decisión de la CHG), somos optimistas y esto tendrá que cambiar necesariamente y, si no, lo que tenemos es que intentar concienciar a la Confederación de que el ajo necesita muy poco y se va a obtener socialmente mucho, porque va a haber muchos jornales y va a haber mucha riqueza en los pueblos para que no se vacíen, que es lo que todos pretendemos».

Una de las características de los entre 400.000 y 500.000 jornales al año que da el cultivo, entre directos e indirectos, es que van «desde que se siembra (en septiembre) hasta que se monta en el camión para el extranjero (tras la recogida que empieza a finales de mayo), donde va el 80 o el 90 por ciento de la producción».

Por ello, defiende que con «muy poquita agua que den se salva un cultivo, una zona y una campaña, que es, comparativamente con el agua que se necesita en todos los cultivos, prácticamente una ridiculez», resalta.

En todo caso, argumenta Del Pino, «si cada año salen entre 30 y 40 millones de kilos de ajos, todos los ajos que salgan menos va en detrimento de los jornales», porque «mientras menos ajo haya, menos jornales habrá”, en una zona donde «el trabajo (en este cultivo) es el salario anual de muchísimas personas y eso se nota en estos pueblos, el dinero corre, se vive bien».

(Texto: Álvaro Vega / Efeagro)