LA UNIÓ de Llauradors i Ramaders denuncia que el precio del pollo se dispara en la actualidad en un 164% desde la salida de la granja a los lineales de las tiendas y supermercados, mientras los costes de producción para los productores no paran de subir y estos no reciben ese aumento, según un estudio elaborado por la organización agraria.

Concretamente el precio medio del pollo se sitúa de media en 1,25 €/kg en la granja, de ahí pasa a 2,40 €/kg en matadero, 2,65 €/kg en distribución y 3,20 €/kg en los supermercados y tiendas especializadas, aunque en algunos la cotización es todavía superior. El problema es que de la primera cantidad los productores apenas perciben ahora 0,45 euros por pollo criado.

Los productores avícolas de la Comunitat Valenciana se encuentran al límite, totalmente asfixiados, ante el aumento de los costes de producción. La mayor parte de los ganaderos avícolas se encuentran en régimen de integración y deben hacerse cargo de una serie de gastos imprescindibles como la luz, gas o el combustible que están disparados y que en los últimos meses se han duplicado.

LOS AVICULTORES NO DEBERÍAN COBRAR MENOS DE UNA CANTIDAD QUE OSCILARA ENTRE LOS 0,55 Y 0,60 EUROS POR POLLO CRIADO

Cabe señalar que la energía eléctrica por ejemplo representa más del 75% de los costes variables de una explotación y que el gasto del gas propano ha subido más de un 60%. También han subido los seguros.

Ese incremento de los precios de los alimentos de las últimas semanas, entre ellos el pollo, no se traslada por tanto a los ganaderos. Ante esta situación, los avicultores no deberían cobrar menos de una cantidad que oscilara entre los 0,55 y 0,60 euros por pollo criado, cuando en la actualidad la media de lo que están cobrando es de unos 0,45 euros. El secretario general de LA UNIÓ, Carles Peris, indica que «esta situación es totalmente inaguantable para los granjeros que están produciendo con unos costes terribles y que, si no se plantean soluciones como ayudas directas, dentro de los sectores más afectados por la crisis, muchos de ellos se verán obligados a cerrar sus explotaciones».

Carles Peris señala que de nuevo la Ley de la Cadena Alimentaria falla también para el sector avícola, «pues en ningún momento se cumple su premisa de que cada eslabón de la cadena agroalimentaria debe cubrir sus costes de producción y es que los precios no se fijan del origen al destino como debería ser lo lógico, sino al revés».

«Lo que pasa en el sector avícola ocurre en muchos otros productos. La situación de baja rentabilidad de los productores se produce porque las grandes cadenas de distribución no quieren pagar mucho más y aprietan a las empresas integradoras que a su vez hacen lo mismo con nosotros», concluye Carles Peris.