El mundo agroalimentario se ha convertido en un importante estímulo, capaz también de ofrecer un empleo digno para la consecución de una vida plena en las personas con algún tipo de discapacidad. Testimonios recogidos por Efeagro, manifiestan cómo estas personas participan en proyectos -en Barcelona, Granada o Córdoba- relacionados con el sector primario y que van desde la producción a la transformación y comercialización de alimentos o incluso a la conservación del medio ambiente.

Cerca de la capital catalana se encuentran las instalaciones de TEB Verd, una de las ocho cooperativas del grupo TEB que busca la inclusión de más de 700 personas con alguna discapacidad intelectual.

Así lo detalla Carles Díaz, gerente de TEB Verd, la división dedicada a labores de jardinería y al cultivo y venta de setas ecológicas en la granja de Bolet Ben Fet.

LA CLAVE ES «NO FIJARSE TANTO EN QUÉ PROBLEMAS DE DISCAPACIDAD» TIENE, SINO «VER QUÉ CAPACIDAD TIENE PORQUE CADA UNO ES HÁBIL EN ALGO»

Cuentan con cinco empleados con algún tipo de discapacidad que se afanan día a día en sacar adelante un cultivo que tiene sus peculiaridades: el hongo «nace» del serrín y de los cereales con los que es abonado, crece en bolsas esterilizadas a una temperatura y ambiente determinados y se desarrolla finalmente en una sala en condiciones óptimas hasta convertirlo en seta.

Y esta descripción, breve, comprende sin embargo muchos procesos que requieren habilidades en las que son expertos sus empleados.

Díaz asegura que la clave es «no fijarse tanto en qué problemas de discapacidad» tiene una persona, sino «ver qué capacidad tiene porque cada uno es hábil en algo».

Uno de sus empleados es Ibrahim el Harrati (24 años) que lleva seis trabajando aquí y cuenta a Efeagro cuánto le gusta su labor: «Es un trabajo divertido» al que hay que cogerle «el truco» porque el cultivo de la seta «no es fácil».

Se le da muy bien detectar el momento idóneo para cortar las setas aunque le gusta hacer «de todo», remarca.

Jonàs Orti es otro trabajador de TEB Verd que, a sus 25 años, lleva ya siete empleado y explica que es como un «comodín» porque está «a todo» aunque confiesa que le llama la atención particularmente hacer la mezcla de la madera, el agua y los cereales para el abonado.

TEB Verd produce cerca de 20 toneladas de setas al año, con clientes tanto en la alta restauración como en tiendas.

ESTOS TRABAJOS PERSIGUEN LA «NORMALIZACIÓN» DE UN COLECTIVO QUE LO QUE QUIERE ES «HACER COMO EL RESTO DE LAS PERSONAS”

En Benamaurel (Granada) opera la empresa Internacional Granadina Alcaparra, constituida por la asociación Esperanza y que a través de su marca Integrasol pone en el mercado alcaparras ecológicas y hasta 12 variedades de conservas de tomate y pimiento, o encurtidos.

Controla todo el proceso de elaboración, desde la recolección a la comercialización final, y da empleo a tres personas con algún tipo de discapacidad física y cinco con intelectual, a la que se prevé incorporar una más en estos días, según indica su gerente Carlos Quirante.

Quirante tiene claro que con estos trabajos persiguen la «normalización» de un colectivo que lo que quiere es «hacer como el resto de las personas, es decir, tener una vida propia: buscan normalizarse en la sociedad».

Es un firme defensor de estos centros porque la «experiencia» dice que cuando una persona con discapacidad intenta entrar en una empresa «ordinaria suelen quedar aislados respecto al resto del grupo», salvo si es pequeña y lo tratan como a «un hermano o un hijo».

Tomás Pérez (53 años) es uno de ellos, lleva 20 años y pasó de trabajos de repoblación forestal a la producción de alcaparras y conservas; un oficio en el que asegura estar «muy bien y muy contento».

Se confiesa un apasionado del campo, lo que más le motiva es la elaboración de los condimentos y valora mucho la unión que hay entre todo el grupo de trabajadores.

Esta empresa vende al año más de 700.000 tarros de conservas y encurtidos con su marca propia o para otras compañías.

EN «DEHESAFÍO», LAS PERSONAS CON DISCAPACIDAD FORMAN PARTE ACTIVA TANTO EN LA LABOR DE DIVULGACIÓN COMO EN EL CUIDADO Y PLANTACIÓN EN LAS FINCAS

Asegurar la repoblación y el cuidado de las encinas para que la dehesa siga viva y, a su vez, el ganado que en ella pasta es el objetivo del proyecto «Dehesafío», que arrancó en 2017 y en el que tienen un claro protagonismo personas con discapacidad en Pozoblanco (Córdoba).

La Fundación Prode es la encargada de implementarlo, gracias a la financiación del Consistorio y la cooperativa Covap, y en ella los niños cobran también una relevancia especial porque se busca que se conciencien sobre la importancia de mantener este patrimonio natural.

En «Dehesafío», las personas con algún tipo de discapacidad forman parte activa tanto en la labor de divulgación como en el cuidado y plantación en las fincas adheridas.

Se imparten charlas en los colegios, se hace una primera siembra en semillero y posteriormente se trasplanta en campo en una labor conjunta entre técnicos, niños y personas con discapacidad.

Esta fundación trabaja bajo el lema «Todos merecemos ser felices» y buscan la felicidad del colectivo a través de una ocupación digna.

(Texto: Juan Javier Ríos / Efeagro)