La actividad de las cooperativas agroalimentarias andaluzas supone más del 5% del Producto Interior Bruto (PIB) de la comunidad. En el último ejercicio cerrado, las más de 650 empresas del sector vinculadas a Cooperativas Agro-alimentarias de Andalucía cosecharon un volumen de negocio superior a los 8.700 millones de euros. Tras los datos puramente económicos, las cooperativas agroalimentarias, además de producir alimentos seguros y de calidad, generan empleo en su entorno, fijan población en el territorio y velan por su desarrollo sostenible. Sin embargo, hasta la fecha, estos hechos no se han traducido al lenguaje numérico.

Con este fin, Cooperativas Agro-alimentarias de Andalucía, de la mano de la Universidad de Deusto, ha puesto en marcha el proyecto ‘Asesoramiento, orientación, consultoría, tutorización y asistencia técnica para valorizar el cooperativismo agroalimentario andaluz como factor de competitividad’. La iniciativa está financiada por la Consejería de Empleo, Formación y Trabajo Autónomo a través de la línea 4 para el impulso de la Innovación y Competitividad Empresarial de la Economía Social del Programa de Apoyo a la Promoción y Desarrollo de la Economía Social para el Empleo.

Para ponderar esa aportación a la sociedad, el proyecto aplica la contabilidad social, una ampliación de la contabilidad económico-financiera, “que permite conocer qué aporta una empresa o institución a la sociedad”, explica José Luis Retolaza, profesor de Economía de la Universidad de Deusto. En opinión del docente, “ya va siendo hora de que los ciudadanos comprendan no sólo si una empresa funciona bien o mal económicamente, sino si aporta o detrae valor para la sociedad en la que se inscribe”.

La contabilidad social proporciona transparencia a las organizaciones, ya que la ciudadanía conoce mejor cómo genera y transfiere valor. Además, las empresas (en este caso cooperativas) pueden mejorar su estrategia y facilitar el empoderamiento de, por ejemplo, aquellas personas que trabajan en la empresa o de sus asociados, en el caso de las cooperativas. De igual modo, este tipo de contabilidad ayuda a medir el impacto territorial de una entidad, su aportación a la economía social, el equilibrio en la distribución de género o la aportación a cada uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU, entre otras.

Todas estas utilidades “contribuyen a la competitividad de las empresas y, por tanto, favorecen la generación de valor para el conjunto de la sociedad”, recalca José Luis Retolaza. Más cuando se habla de empresas de economía social, como las cooperativas agroalimentarias. En este tipo de entidades, la competitividad económica no puede ir desligada de la competitividad social. De hecho, alinearlos legitiman la supervivencia de estas empresas.

Por ello, con el convencimiento de que las cooperativas son motor y alma de Andalucía, Cooperativas Agro-alimentarias de Andalucía quiere adquirir el conocimiento suficiente sobre este proceso para dinamizar la implantación de la contabilidad social entre sus entidades. A través del proceso ARTE (Action Research Training Experience), los docentes de la Universidad de Deusto han formado a la federación a través de un caso real.

COVAP: EXPERIENCIA PIONERA

En Andalucía, Covap es la primera cooperativa en medir su aportación a la sociedad a través de este sistema. Con más de 60 años de experiencia a sus espaldas, es la cooperativa ganadera por excelencia de Andalucía y un referente del tejido empresarial cordobés. Además, “como empresa de economía social, su misión es generar valor a la sociedad a través de una mejora en la renta y en la calidad de vida de los productores, los ganaderos”, recalca su presidente, Ricardo Delgado. Por ello, resulta de enorme interés poder cuantificar el impacto que produce su actividad y definir su aportación al desarrollo social de su entorno, más allá de lo económico.

La entidad elabora un ‘Estado de Información no Financiera’, desde hace dos ejercicios, con el que da a conocer las preocupaciones, las necesidades y las expectativas de sus grupos de interés. Sin embargo, al monetizar este conocimiento a través de la contabilidad social, Covap podrá “identificar puntos de mejora, potenciar los procesos de innovación y dirigir los esfuerzos hacia aspectos estratégicos y determinantes a largo plazo tanto para la sociedad como para la organización”, expone su presidente.

El proceso para cuantificar esa aportación se ha dividido en seis pasos. Primero se calcula el valor generado y distribuido a través del mercado. En este caso, el análisis económico-financiero de Covap lo ha realizado la Universidad Loyola de Andalucía. Según su informe, la cooperativa genera un impacto económico en la economía cordobesa de 905 millones (en torno al 3% del PIB de la provincia) y emplea a más de 10.000 personas.

Con los datos en la mano, el siguiente paso consiste en elaborar un mapa de los grupos de interés a los que se les transfiere valor. Son los conocidos como skateholders o, lo que es lo mismo, las personas asociadas a la cooperativa, su plantilla, los proveedores o las entidades sociales u organismos públicos, entre otros. Con ellos se entra en la tercera fase de este modelo, ya que se inicia entre ambas partes un diálogo con el objetivo de detallar los mecanismos de transferencia.

El punto de inflexión del proceso se produce en el cuarto paso, momento en el que se identifica la matriz de variables de valor; es decir, se conocen cuáles son los intereses de cada grupo de interés. En este punto se da por finalizada la contabilidad social de la entidad. En las dos últimas fases se procede a monetizar los resultados generados por cada variable mediante un proceso de valor razonable y, por último, se realizan los cálculos del valor generado, tanto los particulares, como el compartido y el consolidado.

Una vez ponderada la experiencia de Covap, la federación seguirá trabajando para trasladar los beneficios de la contabilidad social al resto del cooperativismo agroalimentario andaluz.

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