Donaciano Dujo / Presidente de ASAJA Castilla y León

Vaya por delante que los agricultores y ganaderos, y por tanto ASAJA, como organización líder de estos profesionales, están a favor de las energías renovables, energías que parten de la premisa de reducir la huella ambiental, y que además son inagotables y por tanto deberían ser -aunque eso aún no se cumpla- asequibles. Nosotros consumimos energía, como cualquier otro ciudadano, y además la necesitamos en nuestra actividad agrícola y ganadera. Sin embargo, tenemos muchas dudas sobre el actual modelo que se está extendiendo sin freno, y que en poco tiempo puede modificar de manera irreparable amplias zonas del medio rural de Castilla y León.

Un día sí y otro también, en los boletines oficiales de las diferentes provincias, salen a información pública nuevos parques de energía solar fotovoltaica. Es un goteo que parece que nadie se molesta en calibrar, porque no hay ningún planteamiento global, y los reinos de taifas en forma de paneles se van extendiendo sin hacer ruido ni dar explicaciones a nadie. Como referencia, baste decir que en provincias como León los parques propuestos ya ocupan más superficie que la que en su día se anegó para construir los pantanos hace cincuenta años. Pero en el tema de los macroparques solares parece existir patente de corso, y ningún partido ni colectivo (ni siquiera ecologista) han dicho una palabra más alta que otra, un silencio que no deja de ser sospechoso.

Castilla y León siempre ha sido despensa para otras zonas del país. Hablamos de nuestro cereal, carne, lana… pero también de nuestra población. Durante décadas, nuestra gente partió a Madrid, a Cataluña, al País Vasco, para buscar el jornal que aquí le faltaba. Personas que vivieron, pagaron impuestos y fundaron familias en las grandes urbes, y que dejaron tras de sí la despoblación que ahora tratan de arreglar con parches. Y ahora parece que vienen a arramplar con lo poco que nos queda, la propia tierra. Desde hace meses ha desembarcado por todo el territorio de Castilla y León una banda de comerciales adscritos a las grandes empresas energéticas con el único fin de encontrar los terrenos agrícolas o forestales para la ubicación de estos macroparques fotovoltaicos. Con lo grande que es Castilla y León, podrían elegir terrenos perdidos, baldíos que no producen y que están lejos de poblaciones o vías de comunicación. Pero no es así. Buscan las ubicaciones idóneas para sus grandes inversores, sin tener en cuenta en ningún caso el daño que puedan provocar ni al sector agroganadero, ni al forestal, ni por supuesto el impacto que ese mar de placas causará en el paisaje o en el día a día de los que vivimos en el medio rural.

Ellos trazan sobre el mapa la vía más rápida y barata para obtener la energía y evacuarla con el menor recorrido y coste, aunque sea invadiendo una zona de viñedo, una parcela agrícola, unos pastos o cualquier otro elemento que se cruce por el camino. Y a su paso arrasan no solo la zona donde se instala esos miles de placas que da miedo pensar dónde irán a parar cuando la fiebre acabe, si no también cientos de hectáreas que se verán atravesadas por las líneas de evacuación, postes que se instalarán y que dificultarán las tareas que hasta ahora se realizaban, como regar con un sencillo pivot.

Porque estas empresas van a hacer dinero rápido, y ni se plantean soterrar esas líneas de evacuación. Total, no tienen de qué preocuparse: Europa les bendice, el ministerio toca las palmas y las comunidades autónomas miran para otro lado, mientras los ayuntamientos, juntas vecinales y propietarios -la mayoría herederos sin vínculo con el pueblo- se frotan las manos con esos alquileres a 25 años que están muy por encima de lo que los agricultores pueden pagar por cultivar esas fincas o los ganaderos por dejar pastar en ellas a sus animales. Dinero a corto plazo que muy difícil veo que se traduzca en vecinos, porque eso pasa por empleos, y esos macroparques una vez instalados apenas generan trabajo. De poco sirve poner aceras nuevas en el pueblo, si lo que falta son vecinos, e incluso le pones más difícil continuar a los pocos que quedan.

Por eso, desde ASAJA decimos a la energía renovable sí, pero no así. La historia nos demuestra que tomar decisiones políticas -o no tomarlas, eludiendo responsabilidades- sin tener en cuenta el impacto que pueden tener a largo plazo pueden tener peores consecuencias que el beneficio a corto plazo, aparentemente positivo. Y están eludiendo el tema tanto el Ministerio de Transición Ecológica, tan preocupado de controlar al milímetro otros asuntos que afectan a la conservación de la naturaleza y el paisaje -a veces mínimamente- y que parece no querer ver el mar de placas que se extiende en nuestro territorio. Y por supuesto también está pasando de puntillas la Junta de Castilla y León, que no puede dilatar más el momento de establecer unas directrices que regulen este tipo de infraestructuras de manera que no perjudique a los agricultores y ganaderos ni provoquen un deterioro del medio rural.

Cada uno de estos proyectos pasa por expulsar a los agricultores y ganaderos de las tierras y pastos que aprovechan desde hace muchísimos años, y que han conformado el paisaje del que hoy disfrutamos y que identifica a sus pueblos. Sería imperdonable que, una vez más, se permitiera sacrificar el medio rural en aras de intereses económicos netamente urbanos. Los políticos no pueden permanecer callados ante esta invasión que agudiza los males que ellos mismos presumen de querer combatir, salvo que lo del reto demográfico sea solo hipocresía.